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jueves, 29 de mayo de 2014

De la tierra al Cielo LXXXIV - El queso ajeno


Es necesario amar lo que se hace, sólo así explotamos el máximo de nuestra capacidad y damos lo mejor de nosotros mismos. Es comprensible que, cuando así sucede, sintamos un sano orgullo por lo obtenido con esfuerzo y a veces incluso mucho sacrificio. De ahí que surja aquel adagio de “Cada quien alaba su queso rancio”.

Y es que sobre gustos no hay nada escrito, y lo que a uno le puede parecer extraordinario (porque es lo suyo) a otro le podría parecer mediocre y no necesariamente porque haya envidia de por medio. El tema es que como no me costó a mi, como no fui yo quien lo hizo, no me parece tan importante o trascendental. Y aunque no provenga de la envidia, el menosprecio de lo ajeno, no deja de ser pernicioso para la convivencia humana.

La clave sería ponernos en el lugar del otro y procurar valorar no sólo la obra en sí, sino el esfuerzo que costó conseguirla. Para ello bastará con dialogar con el autor y descubrir así el trasfondo de la obra. De seguro eso nos permitirá descubrir un valor añadido. Una vez que hemos comprendido los antecedentes, veremos el fruto con otros ojos y podremos saborear mejor el “queso rancio” ajeno, tal como hacemos con el nuestro.


P. César Piechestein
elcuradetodos... utedes

4 comentarios:

  1. Lo máximo Padre César mil bendiciónes !

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  2. Gracias Padre me gusta su manera de enseñar. Bendiciones

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  3. Padre muy buena reflexión. Flor Ma.

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  4. Una primera aplicación q Se me ocurre es al revisar calificaciones del colegio de mi hijo... Conversando podré conocer más de como obtuvo su "quesito" y así valorarlo :)

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