"Que no haya nada en tí que no sea lo que de tí se espera" (San Juan María Vianney)

viernes, 30 de marzo de 2012

De la tierra al Cielo LXVIII - La primavera

El arribo de la primavera es un acontecimiento más que esperado. Después de un invierno que vistió de blanco casi toda Europa, es casi un milagro sentir otra vez el calor del sol. Es una explosión de vida vegetal, que se traduce en abundancia de flores y novedad de retoños en todas partes. Pero dentro de todo ese esplendor hay un misterio que también hay que tener en cuenta.

El pensamiento contemporáneo va detrás de algunos principios, que están bastante lejos de la realidad. Soñar en una existencia horizontal, sin altos y bajos, sin dificultades o fiestas, es una completa utopía. La vida no es algo estable, más bien todo lo contrario. Cierto es que preferimos los altos antes que los bajos, pero sin valles no habrían montañas.

La primavera llega solo después de que se va el invierno y se queda solo tres meses. Cuando llegue el momento partirá para dar paso al verano. Nuestra vida sube y baja, tienen días y también noches, días soleados y de tormenta, pero es siempre un regalo de Dios.

Y es que aunque nuestros días sean cambiantes, Dios no cambia. Es Cristo la piedra angular sobre la que se sostiene nuestro destino. Así como sabemos con certeza que después del invierno vendrá la primavera, sabemos que aún en los momentos más duros, aún en el dolor más intenso, Dios no nos deja solos. 

La primavera me recuerda que ni la muerte me vencerá. Ver tantos árboles que parecían muertos, secos totalmente, se visten una vez más de hojas y flores. Esta vida pasará, con sus altos y sus bajos, sus alegrías y tristezas, para dar paso a un eterna y plenamente feliz. Hacia ella dirijo mis pasos porque me ha sido prometida por quien hace cada año retornar la primavera.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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martes, 20 de marzo de 2012

Reflexionando el Evangelio: Unidos a la Cruz - IV Domingo del Tiempo de Cuaresma

Queridos Hermanos:

Hace poco publicaron unos datos que nos tendrían que poner de rodillas. Cada año son asesinados 105.000 cristianos, por el solo motivo de profesar la fe en Cristo. Cada cinco minutos muere un hermano nuestro por odio a la fe. La Luz sigue siendo rechazada por las tinieblas, sigue siendo perseguido quien se hace portador de la Luz de Cristo.

Esta vez la Palabra nos recuerda que Jesús vino al mundo a dar su vida por la salvación de toda la humanidad. Por lo tanto, nosotros como discípulos del Crucificado hemos de estar dispuesto a dar nuestra vida, a sacrificarnos con tal de que la salvación llegue a todos.

No a todos nos tocará morir por nuestra fe, pero seguro que el Señor nos brindará todos los días oportunidades para testimoniar el Evangelio. Y es que no podemos ser hijos de la Luz y obrar como los hijos de las tinieblas. Ser testigos de Cristo nos exige ser coherentes con su Palabra, vivir en comunión con Él, amar como Él nos ama.

Si así lo hacemos, de seguro no nos faltarán persecuciones, incomprensiones y oportunidades para sacrificarnos. Nuestra religión es actualmente la más perseguida en el mundo. Son miles los mártires que dan testimonio con su sangre. Y nosotros no podemos ser indiferentes, nuestra tibieza sería una afrenta al sacrificio de ellos, al sacrificio de Cristo.

Jesús vino a traernos la vida eterna, no vino a condenar sino a salvar. Pero su amor tuvo que luchar con quienes lo quisieron callar, con quienes rechazaban su Palabra. Hoy somos los cristianos los llamados a continuar la obra de Jesús, y no podemos pretender que todo nos sea fácil. Comencemos hoy a enfrentar, con valentía y mansedumbre, los ataques que esperan a quienes son portadores de la Luz en un mundo sumido en las tinieblas.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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martes, 13 de marzo de 2012

Sin Pelos en la Lengua - Jesús ¿profesor o Maestro?

Hace unos días me plantearon una pregunta que, a simple vista, se podía responder rápidamente: ¿Jesús es Maestro o profesor? Por supuesto que la respuesta será siempre “Maestro”, pero había que responder también por qué.

Muchos (hace tiempo también yo) buscan encontrar respuestas en Jesús. Su Palabra se convierte en el libro de los buenos consejos, donde encontrar la luz para poder llevar una buena vida. Hay quienes tienen por costumbre abrir la Biblia y leer el primer pasaje que encuentran, convencidos de que haciéndolo de esa manera, encontrarán la respuesta a su pregunta cotidiana. 

Es verdad que Jesús, a través de su mensaje, nos orienta e ilumina nuestra vida. Pero Jesús es mucho más que un profesor, que un catedrático del buen vivir. No es lo mismo dar un buen consejo que dar la Buena Nueva.

Jesucristo es la Buena Nueva del Padre. Su mensaje nos libera, nos muestra el camino de la salvación. Es el Maestro que nos invita a ser sus discípulos, asumiendo su estilo de vida. No nos llama sólo a ser buenos seres humanos, sino a ser santos. 

Yo también pensaba que Jesús era el mejor de los profesores, el mejor de los consejeros. Pero un día me enseñaron que no bastaba con leer la Biblia y ser una buena persona (o como dicen muchos “no hacerle mal a nadie”). Seguir al Maestro es lo que cada cristiano está llamado a hacer y a ser. Sólo cuando pasamos de ser simples espectadores de la Palabra, a participar de la historia de la salvación de la que ella habla, es que podemos comprender que Jesús no es un profesor.

Y será entonces cuando también predicaremos la misma Buena Nueva que anunció el Maestro, como lo hicieron los Apóstoles y lo han hecho los discípulos de Jesús a lo largo y ancho del mundo, durante dos mil años. Es hora de que tú también participes.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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lunes, 12 de marzo de 2012

Reflexionando el Evangelio: Pacto de amor - III Domingo del Tiempo de Cuaresma

Queridos Hermanos:

Sin duda el pasaje del tercer domingo de cuaresma nos puede dejar un poco desubicados. Imaginar a Jesús con un látigo en la mano tirando abajo las mesas de los cambistas, sacando a carrera bueyes y ovejas, seguro nos cuesta un poco. Pero así sucedió y era sin duda algo necesario. Pero lo que debemos tomar es la respuesta de Jesús cuando le preguntan que señal da para demostrar que tiene autoridad para hacer el “desalojo”. Jesús habla de su resurrección, aunque en ese momento no lo entienden. Volver a la vida después de tres días de su muerte, es la prueba de su divinidad, de que tiene autoridad para eso y toda lo que sea necesario.

En la primera lectura, Dios antes de dar los diez mandamientos, recuerda la hazaña cumplida a favor del pueblo judío. Ellos eran conscientes de haber sido esclavos en Egipto y de cómo Dios lo había liberado. Y no sólo era la gratitud a lo que apelaba el Señor, sino precisamente a el poder demostrado en la liberación, es decir, apelaba a su divinidad. Su autoridad, por lo tanto, es indiscutible.

Recordarlo seguro es una ayuda, así podemos tener presente que los mandamientos no son simplemente unos buenos consejos. Son la ley que Dios ha dado a su pueblo. Sin embargo nosotros no nos podemos quedar con la idea de la esclavitud en Egipto, porque no somos judíos. Dios nos ha liberado de la condenación eterna y para hacerlo no ha sacrificado a los primogénitos de Egipto, sino a su Hijo predilecto. La muerte de Cristo nos ha salvado, nos ha redimido. Su resurrección es la prueba de que también nosotros resucitaremos.

Por lo tanto nuestra actitud frente a los mandamientos tiene también que se distinta. Sabemos que Dios es Padre, el mejor de los padres. Y por amor a nosotros que somos sus hijos, nos ha dado el decálogo. Una ley que, lejos de ser una carga, es una solución, un camino, un estilo de vida. Cumpliendo los mandamientos podemos convivir, amando a Dios y a nuestros hermanos.

En el tercer domingo de cuaresma Jesús nos invita a cumplir la ley por amor, a recordar todo lo que significa. Desobedecerla sería una falta de amor a Él, que dio su vida por nosotros y al Padre que nos lo envió. Basta con tener presente éstas verdades para cumplirlos con todo nuestro empeño y pedir perdón cuando los desobedecemos. De eso se trata la cuaresma.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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martes, 6 de marzo de 2012

No hay mal que por bien no venga - Nonagésimo Noveno Informe Cesarial

Mis muy queridos ALA:

El tiempo es veloz y al parecer se nos escapa como agua de las manos. Sabemos que tenemos que aprovecharlo al máximo, sacarle el jugo, porque cada día es irrepetible. Hace dos años y medo cuando conversaba con un amigo sacerdote sobre mi ya próximo viaje a Roma, me decía: “Será un tiempo para afilar las herramientas”. Creo que no se equivocaba, pero ese tiempo se está acabando y las herramientas están prácticamente listas para retomar la tarea.
Con el P. Antonio de visita en Roma.

Actualizarlos
Han pasado tres meses desde mi último informe y teniendo en cuenta algunos “reclamos” enviados vía correo electrónico o facebook, me decidí a escribir algunas novedades para ponerlos al día de las aventuras de elcuradetodos. Básicamente no hay cosas extraordinarias que contar, más bien comentar uno que otro paso hacia la conclusión de este período de estudios en Roma.

Tareas importantes en marcha
Son varios los deberes importantes que tengo que terminar y que poco a poco van tomando cuerpo. Los estatutos de los Misioneros Eucarísticos todavía no están listos, pero la parte que podía realizar con mis pequeños conocimientos de Derecho Canónico, ya la concluí. Ahora el borrador está en manos del P. Isacio, sacerdote sevillano devoto de Don Manuel, que se ofreció a darle forma y conformidad canónica. Creo que estará listo en poco tiempo. Por otro lado la tesis, requisito necesario para poder concluir la carrera. El tema escogido es “Las cualidades directivas del párroco”. La idea es agrupar los criterios de dirección y organización que el management y la comunicación institucional ofrecen a quien debe dirigir una parroquia. Espero que sirva de ayuda a todo párroco y también que me sirva de instrumento para las futuras lecciones en el seminario. Finalmente es necesario también poner por escrito un proyecto del trabajo que tendré que realizar en la arquidiócesis, específicamente en el área de las comunicaciones. Para desarrollarlo es necesario seguir las pautas que la Iglesia universal, los lineamientos propuestos por el documento de Aparecida y el plan pastoral de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana dicen con respecto a la pastoral de la comunicación. Como verán no hay tiempo para aburrirse.

La pastoral italiana
Tanto en la capellanía, como en la parroquia, las tareas siguen su marcha y la esperanza de los frutos la pongo en manos del Dueño de la mies. Con los niños de la catequesis las cosas han ido mejorando, aunque debo decir que todavía cuesta lograr que se mantenga el orden durante todo el encuentro. Son muy curiosos y lamentablemente confirmo una vez más que tienen muchas malas ideas aprendidas a través de la televisión. La adoración eucarística de cada sábado va viento en popa. El grupo de constantes ha crecido y hemos establecido una rotación fija, de manera que la podemos publicar en la cartelera de cada Iglesia. Así si alguno falta no se desorienta, basta fijarse en el horario y saber donde se realizará la adoración esa semana. Nuestra intensión principal son las vocaciones al sacerdocio que buena falta que hacen por acá. La diócesis no tiene ni siquiera un seminarista. Ojalá alguno de los jóvenes de la parroquia se decida a dar el sí a Cristo.

Cocinando sabroso
Algunos de mis amigos del facebook se han sorprendido a ver las fotos en las que aparezco con una paila rebosante de fritada, porque pensaban que yo no sabía cocinar. Pues que nadie se sorprenda porque, aunque no me puedo jactar demasiado, sé defenderme en la cocina. Hasta ahora no ha habido quejas, al contrario mis comensales quedan contentos y muy satisfechos. Lo que debo aprender es a medir la cantidad, porque siempre preparo como para un cuartel militar.

Pasado el invierno
Hemos tenido una ola de frío que ha sido noticia por casi tres semanas. La verdad es que en otros países han sufrido mucho más que nosotros y no nos tendríamos que quejar. Roma se transformó por unos días, porque la nieve la cubrió completamente, como no lo hacía desde 1956. Así que se imaginarán que fue todo un acontecimiento. Lo mejor de todo (para mi) es que estamos ya entrando en primavera, y poco a poco la temperatura se eleva. Creo que puedo decir que superé mi tercer y último invierno europeo.

Ya va siendo hora de terminar el informe. Espero que el calor y las lluvias no les estén dando demasiados malos ratos. Yo, como siempre, les recuerdo que los tengo en mis oraciones y les pido que me tengan en las suyas. Desde la ciudad de San Pedro y San Pablo, me despido.
Hasta el Cielo.

P. Cèsar Piechestein
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lunes, 5 de marzo de 2012

Reflexionando el Evangelio: Escuchar a Dios - II Domingo del Tiempo de Cuaresma

Queridos Hermanos:

Dios Padre hace escuchar su voz, con un imperativo fortísimo: “Este es mi Hijo amado, escúchenlo”. No basta con amarlo, no basta con darle culto, el Padre nos manda escucharlo. Creo que a partir de ese mandato tendríamos que desarrollar nuestra reflexión de hoy.

El objetivo que debe perseguir todo cristiano, todo discípulo de Cristo es entrar en comunión con Él. El camino de la vida cristiana es precisamente una profundización de la comunión con Dios. Un camino que nos tiene que llevar a pensar y sentir como Jesús, a que nuestro corazón sea semejante al suyo, a que nuestra voluntad se acomode completamente a la suya. Sin embargo para que haya comunión hemos de empezar con la comunicación.

Para que exista comunicación real entre dos personas, es necesario el diálogo. Si es uno sólo el que habla, obligando al otro sólo a escuchar, allí no hay comunicación sino un monólogo. Existen muchos que piensan que los cristianos hablamos con Dios, pero que Él no nos habla. Casi que tienen la idea de que nos falla algún “tornillo”, porque según ellos hablamos solos. Creo que están equivocados, aunque en algún caso podría suceder como dicen ellos.

Nuestra oración no puede ser una exposición de nuestras necesidades (que sabemos perfectamente Dios conoce mejor que nosotros mismos), ni tampoco una lista de peticiones. Nuestra oración debe ser, antes que nada, un tiempo que dedicamos a Dios, a estar con Él. Es el momento del día en el que ponemos nuestros cinco sentidos en actitud de escucha, porque queremos comunicarnos con nuestro Padre.

Y Dios no se limita sólo a escucharnos, nos habla siempre. Su palabra no llega al oído, sino al alma y la toca, la levanta, la mueve a hacer el bien. Y si a nuestro momento de oración le agregamos la lectura de la Biblia, sobre todo de un pasaje del Evangelio, encontraremos ahí lo que nos quiere decir. Él no se queda callado, se manifiesta tan claramente como a los Apóstoles en el Tabor. Pero es necesario querer escucharlo.

Por eso es que el Padre nos manda escuchar a su Hijo, sólo así podremos lograr la comunión con Él. Nos invita a hablarle y a descubrir lo que nos quiere decir a través de su Palabra escrita, a través de lo que el Espíritu Santo que habita en nosotros le dirá a nuestra alma. Dios no se esconde, Dios no es mudo, Él habla y quiere ser escuchado. Comencemos a darnos el tiempo para estar con Él.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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miércoles, 29 de febrero de 2012

De la tierra al Cielo LXVIII - Vida interior

«Muchos me dirán aquel Día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “Jamás los conocí; ¡apártense de mi, malhechores!”». (Mateo 7, 22-23)

Puedo cultivar amistades, y de seguro hacerlas crecer hasta que sean fraternas,
pero sin vida interior no trascenderán hasta la vida eterna.

Puedo cumplir con dedicación todos los mandamientos, y de seguro no tendré nada que reprocharme,
pero sin vida interior no llegaré a ser santo, será tan bueno como el joven rico.

Puedo servir al necesitado y consolar al que sufre, y de seguro podré así mejorar el mundo,
pero sin vida interior, la ingratitud de los hombres me amargará el corazón deteniéndome tarde o temprano.

Puedo proclamar el Evangelio a todos, y de seguro veré los frutos de la predicación,
pero sin vida interior, el resultado será efímero, sin raíces, como flor de un día.

Puedo rezar encomendando a Dios todos mis afanes, y de seguro escuchará mi plegaria,
pero sin vida interior no lograré escucharlo y mi oración será siempre un monólogo.

Puedo confesar mis pecados, y de seguro el Señor me los perdonará,
pero sin vida interior el dolor que sentiré por ellos será superficial y mi conversión no será profunda.

Puedo comulgar a diario, y de seguro que la gracia del sacramento me inspirará a ser como Cristo,
pero sin vida interior no llegaré a encarnarlo, y quedaré como la piedra en el río a la que el agua no puede penetrar.

Puedo celebrar la Santa Misa, y de seguro que a través de ella Dios seguirá obrando milagros de gracia,
pero sin vida interior no seré más que un canal por el que el agua pasa, pero no se queda.

«El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo». (Mateo 13, 33)

Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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domingo, 26 de febrero de 2012

Reflexionando el Evangelio: Penitencia voluntaria - I Domingo del Tiempo de Cuaresma

Queridos Hermanos:

Creo que de niños todos hemos hecho la experiencia de estar castigados. Ese tiempo pasado en el rincón, contemplando el blanco de las dos paredes que se unían frente a nuestros ojos tenía un valor pedagógico. Para algunos puede parecer simplemente un modo de torturar al chiquillo inquieto, pero yo creo que es la única manera de obligarlo a estarse quieto un rato y pensar, reflexionar sobre aquello que lo puso en esa situación.

Creo que el mismo principio se puede aplicar a los adultos que tienen que pasar un período en la cárcel. El objetivo de estos lugares es la rehabilitación del individuo de manera que no siga siendo un peligro para la sociedad. Se espera que le pérdida temporal de la libertad lo obligue a reflexionar y a arrepentirse del mal cometido. Por lo menos esa es la teoría, luego en la realidad se sabe que no siempre sucede así.

En ambos casos ha sido otra persona la que ha impuesto el castigo, la penitencia, aunque el resultado depende de quien la hace. Tanto el niño como el adulto podrán terminar el proceso dispuestos a cambiar, o simplemente decididos a recomenzar sus travesuras o delitos.

Jesucristo decidió darse cuarenta días de aislamiento y mortificación. Ayuno en el desierto, oración y preparación a su vida pública. Un tiempo duro, que aunque pudo haberlo debilitado físicamente, lo lleno de fuerza espiritual. Y con su ejemplo nos invita a imitarlo.

¿No creen que se asemejan, el castigo del niño en el rincón y el del adulto en la cárcel, a los cuarenta días del desierto? Yo creo que sí porque el objetivo es siempre el mismo: arrepentimiento, penitencia y conversión.

Existe claramente una gran diferencia y es que nadie nos obliga a vivir la Cuaresma. La Iglesia en nombre de Dios nos invita a un tiempo de penitencia que nos sirve para revisar nuestra vida, evaluarnos y convertir aquello que nos aleja de la salvación. Todo siempre que el único objetivo que verdaderamente cuenta: agradar al Señor.

Espero que todos pongamos todo de nuestra parte para no desaprovechar ni un solo día, para encontrar nuestro “desierto” donde poder meditar y a través de la oración más intensa, de las mortificaciones y renuncias por amor y de las obras de misericordia generosas, logremos dar muchos frutos. Siempre para mayor gloria de Dios.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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jueves, 23 de febrero de 2012

De la tierra al Cielo LXVII - Gusto por la dependencia

Desde hace algún tiempo que se propone como un valor esencial la independencia. Hay que estudiar y prepararse para poder trabajar y ser independiente. La mujer tiene que liberarse de la dependencia del hombre. Los hijos deben madurar y aprender a ser independientes. De todas formas y por todas partes nos nutren con la sobrevaloración de la bendita independencia. Y yo me rebelo ante esa filosofía porque a mi me gusta depender.

Quien me podría presentar un cuadro más conmovedor que el de una madre con su bebé en brazos y siendo el más hermoso de los símbolos humanos, representa la rechazada dependencia. Sí porque ese bebé depende totalmente de los cuidados, del amor de su madre. Pero atención, porque también ella depende de su bebé. Desde que lo concibió su corazón empezó a depender de ese nuevo ser que crecía dentro de ella, en una dependencia que nunca termina, ni siquiera cuando el hijo es un hombre maduro. A su hijo irán sus pensamientos, preocupaciones, desvelos, afectos, etc. Al final dependen el uno del otro.

Porque al final la verdad es que dependemos siempre. Y no sólo dependemos de otras personas, también dependemos de cosas inanimadas como el aire o el agua. Por más que pretendamos la independencia, nunca la alcanzaremos, es un imposible.

Y a mi me gusta la dependencia. Parece absurdo, pero no lo es. Es porque nos han saturado vendiéndonos la independencia como valor deseable y posible. Hoy no les quiero “vender” la dependencia, solo quisiera demostrarles que es real, positiva y sana.

Me gusta saber que dependo de otros y que otros dependen de mi, y que muchas veces yo dependo de los que dependen de mi, es decir que también me gusta la interdependencia. No somos islas ni superhéroes. ¿No es acaso en la mutua dependencia que se fundamenta el amor?

Ustedes me dirán que depender de alguien es un riesgo porque puedes terminar defraudado y es verdad. Pero yo sé que en última instancia dependemos de Dios. Él es quien dirige nuestras vidas, quien como Padre y Pastor nos sostiene y guía. Es como una madre que acuna a su bebé. Él nunca defrauda.Y aún Dios espera de nosotros, nos necesita, nos llama. Desea que lo amemos y que nos amemos como hermanos, que aprendamos a depender unos de otros. 

Así que basta de luchar por ser independiente, porque es una guerra perdida. Aprende más bien a vivir y a amar la dependencia.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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domingo, 19 de febrero de 2012

Reflexionando el Evangelio: Amigos de Dios - VII Domingo del Tiempo Ordinario

Queridos Hermanos:

Creo que a todos conmueve la imagen que nos presenta el Evangelio de Marcos, sobre todo cuando apenas hemos celebrado el día del amor y la amistad. Cuatro hombres que llevan en una camilla a su amigo paralítico para que conozca a Jesús. Tanto amaban a su amigo no se desaniman ante la imposibilidad de hacerlo entrar por la puerta y lo descuelgan por un agujero hecho a propósito en el techo. ¡Qué lección tan grande de generosidad y entrega por amor al amigo!

Hoy de seguro tendríamos que preguntarnos si realmente nuestra relación con Cristo es de amistad, o sólo un cercano compañerismo. Ahora mismo les explico por dónde tendría que comenzar el examen.

Cuando a Jesús le aparece desde lo alto este hombre en su camilla, el Señor no le dice enseguida “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”, sino “Tus pecados te son perdonados”. Pensemos que para los judíos todo mal que le tocase padecer a uno era siempre consecuencia de un pecado cometido por uno mismo o por sus padres. Entonces tiene perfecta lógica que Jesús le haya primero perdonado sus pecados.

El problema es que no sólo los judíos pensaban así, muchos cristianos hoy en día siguen convencidos de que el mal que se padece es consecuencia del mal cometido, es decir, que sería como un ajuste de cuentas de parte de Dios. Lógico entonces sentirse atacado o castigado cada vez que hay algo que sufrir. Este es la actitud de quien sigue sintiendo a Dios como un compañero, pero no como un amigo.

Los santos son los grandes amigos de Dios y cada uno tuvo que sufrir, como sufre todo ser humano. Recordemos por ejemplo la larga y dolorosa enfermedad del beato Juan Pablo II. Quien podría pensar que fue castigado por Dios y sin embargo le tocó también padecer el dolor. Y así como él tantos santos y santas de la Iglesia.

Jesús nos ha llamado amigos y Dios es nuestro Padre. No hay castigo en esta vida, pero no podemos tampoco pretender una vida exenta de sufrimientos, al menos no en este mundo. La mayor prueba de la amistad que Dios nos ofrece es su misericordia, su perdón. Sólo quien de verdad ama es capaz de perdonar y sólo quien de verdad ama es capaz de pedir perdón. Ya va siendo hora de que lo hagamos vida, que agradezcamos la misericordia de Dios arrepintiéndonos sinceramente de nuestros pecados, porque el perdón no nos será jamás negado.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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