"Que no haya nada en tí que no sea lo que de tí se espera" (San Juan María Vianney)
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jueves, 21 de septiembre de 2017

FIN DEL MUNDO




Ya perdí la cuenta de cuantas veces nos han puesto la fecha de caducidad, creo que la más memorable fue la del inicio de milenio, pero la realidad es que el mundo sigue su marcha. Más allá de que esa marcha no vaya avanzando por donde debería, lo cierto es que nadie puede saber cuando será el último día.


Pero lo que más molesta (y creo que no hablo sólo por mi) es al afán de meterle miedo a la gente, haciéndoles creer que llega el Cuco, cuando la verdad es que no hay nada que temer. Quien llegará al final de los tiempos es Jesucristo y no vendrá a destruir sino a renovar la faz de la Tierra. Por lo tanto ¿cuál es el motivo del pánico?

Mi deseo es evitar este “linchamiento mediático” que le están haciendo a nuestro Salvador, porque es incoherente afirmar que quien murió en la Cruz para darnos vida eterna, ahora viene para destruirnos. Es urgente que se entienda bien el plan de Dios.

Cristo volverá para desterrar definitivamente el mal del mundo, para que no exista nunca más el pecado, ni la muerte y para encerrar para siempre al diablo y sus compinches. Todas esas son buenas noticias. Lo único que debe preocuparnos es que nos encuentre siendo fieles a Él, porque de eso dependerá nuestro destino final.

Por lo tanto no hay nada que temer, el miedo no es de Dios. Así que como no sabemos ni el día, ni la hora en que Cristo volverá (ni tampoco cuando moriremos), lo que nos toca es caminar cada día según la ley de Dios, amando y sirviendo con todas nuestras fuerzas.  Así se vive el cristiano: ocupado y en paz.

Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuradetodos… ustedes

martes, 7 de junio de 2016

SEPARADOS EN NUEVA UNIÓN E IGLESIA



Los tiempos cambian y lo hacen para bien, aunque algunos se esfuercen en ver sólo lo malo que se difunde. Sepa usted que el bien también es difusivo y aunque no se le haga mucha “prensa”, el bien brilla con luz propia. El caso que quiero compartirles es el de los “divorciados vueltos a casar” a quienes hoy prefiero llamar “separados en nueva unión”.


Se preguntarán por qué el cambio, pues fueron ellos mismos los que me corrigieron. Ellos me aclararon que reconocen que para los católicos el divorcio no existe, por lo tanto son separados, ya no conviven con su legítimo cónyuge. Además no se han vuelto a casar, porque siguen casados con su cónyuge y lo que han establecido es una unión, no un nuevo matrimonio. Así de claro y contundente, y lo más importante es que salió de ellos mismos.

Así es, porque la Iglesia Católica sigue siendo tan madre y maestra como siempre. Y cuando hablo de Iglesia me refiero a todos los bautizados, no sólo a la jerarquía. Porque los separados en nueva unión también son Iglesia, tienen los mismos deberes y derechos que cualquier católico y cada vez son más conscientes de ello. Saben que su situación les impide confesarse y comulgar, pero reconocen que son responsables de una decisión que tomaron libremente. Incluso tienen un movimiento apostólico para acompañarse en su crecimiento espiritual: Camino a Nazareth.

Lo que se puso por escrito en el Catecismo de la Iglesia y en exhortaciones apostólicas ya se está haciendo realidad palpable y me siento orgulloso de poder ser parte de este tiempo de Nueva Evangelización y de misericordia. Nadie tiene porque quedarse fuera de la Iglesia, que acoge e ilumina a todos y que además nos hace corresponsables. Cada bautizado tiene una tarea que desempeñar según su condición y estado, pues de eso depende la fortaleza del Cuerpo Místico de Cristo, su Esposa la Iglesia.

Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuradetodos… ustedes

lunes, 30 de mayo de 2016

URGENTE: Prevenir la destrucción del matrimonio



Dicen que un hombre prevenido vale por dos, pero me da la impresión de que la mayor parte de la humanidad (me incluyo) carece de esa cualidad. Y es que se nos ha insistido tanto en que hay que vivir el presente, que nos olvidamos de tener previstas las posibilidades que nos puede imponer el futuro.


Es así que tantas veces nos tenemos que enfrentar a imprevistos, a crisis y problemas que se podrían haber evitado con solo un poco de preparación, sólo por sea caso. Si sólo hubiésemos invertido un poco de tiempo en esos previstos, de seguro las pérdidas se podían reducir e incluso hasta eliminar. Pero nos cuesta mucho mirar al futuro con previsión.

Lo que más me toca no son las pérdidas materiales, económicas o de otra índole, que al final son cosas que se pueden recuperar. Lo que más me preocupa es todo lo humano que podemos perder y que casi siempre es irrecuperable. Hace poco vivimos un terremoto y se perdieron muchas vidas, pero eso es algo bastante difícil de prevenir. Dicen que el 70% de los matrimonios se destruyen y ahí hay algo que se podía evitar con un poco de prevención.


Fundar una familia requiere de profunda preparación, la misma que no se puede limitar a un cursillo pre-matrimonial. Comienza en el hogar, donde vemos el ejemplo de nuestros padres y continúa con todas las parejas que vamos conociendo. Claro, eso sirve para quienes suelen escarmentar en cabeza ajena. Pero no se agota ahí, es necesaria una preparación a conciencia, teórica y práctica, que brinde a la pareja las herramientas que les permitirán prevenir unas crisis y superar las otras.

He visto como nuestra Iglesia avanza a grandes pasos en ese campo y tengo la esperanza de que los frutos (que ya se ven) sean muy abundantes. No esperar a que lleguen los problemas para reaccionar es de gente sabia y en el caso del matrimonio, es de gente que ama la familia y a Dios.

Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuradetodos…ustedes

martes, 24 de mayo de 2016

Descansar para volar alto - De la tierra al Cielo



Aunque a veces queremos volar como los pájaros, todos necesitamos algo que nos mantenga los pies sobre la tierra. Y no quiero con esta reflexión cortarle las alas a nadie, pero recordemos que aún las águilas necesitan una rama o peña de poder descansar su vuelo. No es posible estar siempre en el aire.


No se trata de quedarnos a ras del suelo, pero sí de tener en cuenta la necesidad de descansar, de reflexionar y planificar el siguiente paso. Muchos nos empujan al mayor rendimiento, a alcanzar los objetivos incluso sin que importe si los medios son realmente lícitos. A veces parecería que tendríamos que convertirnos en nuestros propios opresores, deshumanizándonos y condenándonos a buscar el éxito laboral o profesional a costa de la misma realización personal.

Podemos volar alto y lejos, pero requerimos de esa “rama” que a diario nos brinde el necesario reposo. El descanso no sólo repara las fuerzas sino que nos permite contemplar lo logrado y diseñar el futuro. También esa quietud permite disfrutar de la presencia y el afecto de los seres queridos, que son finalmente la razón del diario sacrificio.

Y qué mejor si esa “rama” es nuestro Dios. Él sabrá devolvernos las fuerzas y además nos dará la luz para saber por dónde ir y la humildad para corregir el rumbo, si fuese necesario. Jamás nos impedirá volar, todo lo contrario, pero espera también que comprendamos el verdadero sentido de la vida.

Hasta el Cielo.

P.  César Piechestein
elcuradetodos…ustedes

martes, 26 de enero de 2016

UN MUNDO MÁS ENREDADO



Yo estoy consciente de que no tengo todas las respuestas, pero trato cada día de encontrarlas. Una gran pregunta que me hago a diario es ¿por qué cada vez la humanidad está más enredada y no progresa? Una pregunta demasiado compleja de responder, pero que hay que tratar de hacerlo, como cuando te pasas horas tratando de desenredar una madeja de hilos.


Una de las razones que creo tiene mucho que ver es que hemos confundido las “metas” con los “ideales”. Formamos a nuestros jóvenes con ideas y objetivos de pequeño o mediano alcance. Bienestar material, una bonita familia, una buena profesión, un empleo estable, etc, todas metas alcanzables con un poco de esfuerzo y buena voluntad.

Quizás por eso muchos no se sienten motivados, se aburren muy rápido de la vida. Otros, los que no logran alcanzar esas metas, se frustran y desesperan porque no llegaron a descubrir que hay mucho más. Jesús nunca propuso metas, sino ideales, o más bien un ideal.

Cuando nos habló del amor no lo hizo con sentimentalismo, sino demostrando como se ama. Recordemos que dijo que nadie ama más que quien da la vida por sus amigos. Ese es el ideal: dar la vida por otros. Ya no se trata de vivir para uno mismo, para alcanzar unas cuantas metas. Entender eso cambia la vida.

Quizás no sea la solución a todo, pero creo que sería el mejor fundamento para poder poner en orden este mundo y enrumbarlo hacia el Reino de los Cielos. ¿Quieres ser feliz? Vive por el ideal que Cristo propone.

Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuradetodos…ustedes