Sacerdote catòlico comparte con sus familiares y amigos sus experiencias cotidianas, procurando con sencillez y alegria, entregar un mensaje que ayude a amar a Dios y al hermano.
jueves, 21 de mayo de 2015
lunes, 18 de mayo de 2015
Crucecitas santificadoras - De la tierra al Cielo
¡Cuánto
nos cuesta hablar de la Cruz y cuánto más de la nuestra! Y sin embargo en la
Cruz y en las cruces está el amor, ese gran Amor con mayúscula que nos salvó y
ese amor cotidiano, humano y pequeño, que nace en nosotros o al menos se espera
que nazca.
Pero
¿de quién dependen esas cruces de cada día? Aquí la explicación de un santo
obispo:
“Se puede decir que en cada
hora de nuestro día y en cada ocupación de nuestra actividad ha puesto la
providencia amorosa de Dios una crucecita santificadora. Desde la menuda
violencia de dejar el lecho a hora fija hasta la última conversación u ocupación
enojosa del día, pasando por las caras serias, agrias, indiferentes o burlonas
de los que tenemos que tratar y por los asuntos más o menos fáciles en que
tenemos que entender.”
La Providencia de Dios es la
que nos brinda esas maravillosas crucecitas, que son en realidad oportunidades
para expresar nuestro amor cotidiano. Unas más grandes que otras, algunas
pesadas y otras bastante ligeras, pero siempre cruces. Si comprendemos su
valorar, no sólo las aceptaremos, sino que las abrazaremos con fuerza y gozo,
como lo hizo el Maestro.
“¿No es verdad que todo trae
por fuera o por dentro su crucecita de pesadumbre, contrariedad o desagrado?
Pues bien, recibir la merecida cruz de cada hora y obra y con la mejor cara que
podamos es o ser santos o andar muy cerca de serlo...”(Beato Manuel González,Obras
Completas 2771)
Y ya sabemos que ser santo
equivale a ser auténticamente feliz. Por lo tanto, es absurdo pretender una
felicidad sin cruces.
Dios los bendiga siempre.
P. César Piechestein
elcuradetodos…ustedes
sábado, 20 de diciembre de 2014
Alma de pasa - De la tierra al Cielo
Es verdad que no
debemos juzgar a nadie y este no es el caso. En esta ocasión, sin embargo,
quisiera analizar un comportamiento que nos ayudará a entender porque existen
personas que afirman no necesitar relacionarse con Dios, ni confesarse, ni comulgar,
ni siquiera participar de la Santa Misa, mientras que otras no conciben la
posibilidad de vivir sin esa comunión con Dios.
Creo que todos
conocemos las pasas de uva. Son pequeñas y arrugadas, secas completamente y en
nada parecidas a la uva fresca, redonda, brillante y jugosa. Aún así, la uva
fresca y la pasa de uva son siempre una uva, en diferentes condiciones.
Ahora comparemos
nuestra alma con una uva. Si un alma vive en contacto con Dios estará siempre
lozana, llena de jugo (gracia). Será capaz de hacer grandes cosas, incluso de
dar la vida (mártires). La comunión con Dios “dilata” el alma, la hace grande, “magnánima”.
Un alma que vive
paralela a Dios, es como pasa de uva. Se repliega, se arruga, se seca y lo
peor, se vuelve incapaz de perdonar, de servir, de amar. Esas mismas
incapacidades le impiden sentirse necesitada de Dios y va por la vida
convencida de que está “bien” y que no le hace falta la religión. Almas
pequeñas o “pusilánimes” existen muchas y no son conscientes de ello.
La reflexión de hoy es
un llamado de atención para todos. Si usted tiene alma de uva fresca recuerde
que se lo debe a Dios, que mientras más desarrolle su relación con Él más jugo
tendrá para ofrecer al mundo. Si usted hoy descubrió que tiene alma de pasa, no
se angustie, empiece cuanto antes a recibir de Dios la gracia que le
transformará en poco tiempo. Acérquese a una parroquia, busque a un sacerdote e
inicie su camino de vida cristiana.
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
elcuradetodos … ustedes
viernes, 21 de noviembre de 2014
AMANDO DE APURO
Ayer leía el pasaje del
Evangelio donde Jesús llama a sus primeros discípulos. A orillas del mar
encontró a Pedro y Andrés, para luego encontrarse con Santiago y Juan. A éstos
dos pares de hermanos los llamó y los cuatro lo siguieron enseguida, de
inmediato, y se fueron con Él dejando todo atrás.
De seguro Jesús puede
cautivar a cualquiera y hoy, como en aquel entonces, sigue llamando a hombres y
mujeres de todas las edades y condiciones a seguirlo, pero no todos lo hacemos
de inmediato. Lo puedo afirmar empezando por mí mismo y continuando con todas
las experiencias que he podido conocer a lo largo de los años.
Se nos hace muy difícil
(y cada vez más) desprendernos de “lo nuestro” para aceptar lo que Él nos tiene
deparado. Parecemos como niños que se aferran a su juguete favorito, decididos
a no soltarlo aunque lo que nos ofrezcan sea mucho mejor. Lo más riesgoso es
que esa resistencia cause una demora y la demora termine haciendo que perdamos
un tiempo valioso, irrecuperable.
La clave está en amar
con sinceridad. Quien ama tendrá dos cosas imprescindibles: confianza y
premura. Si amamos a Jesús y sabemos que nos ama, tendremos la confianza de
abandonarnos en sus manos, de permitirle a Él dirigir nuestra vida, nuestro
destino. Sólo quien ama se apresura a servir al Amado, está atento a lo que sea
que pida o requiera para inmediatamente responder, sin demora.
Sin duda los cuatro primeros
Apóstoles amaron totalmente a Cristo, por eso fueron capaces de seguirle de
inmediato, sin titubeos, condiciones o negociaciones. Se desprendieron de lo
suyo para poder darse por completo y recibir al Absoluto, al infinito. Ojalá
cada vez sean más los que puedan hacer lo mismo.
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
elcuradetodos ... ustedes
jueves, 2 de octubre de 2014
De la tierra al Cielo - Poner toda la carne en la parrilla
En tiempos de
calentamiento global y de extinción de especies, el llamado a cuidar de los
recursos no renovables es urgente. Se trata no solo de reciclar o de no arrojar
basura por doquier, sino y sobre todo, de aprovechar de manera eficiente los
recursos, evitando así usar más de lo necesario.
Pero esa misma sociedad
de consumo y despilfarro, que hoy nos pide usar y consumir con mesura, es la
que nos ha enseñado a buscar siempre el camino más fácil, la comodidad y el
menor esfuerzo. Da pena corroborar todos los recursos humanos que a diario
quedan estériles, por la indiferencia o la desidia.
No es de cristianos la
mediocridad. Cristo nos ha llamado a ser perfectos como nuestro Padre, afirmó
que Él vino para que nosotros podamos hacer cosas más grandes que las que Él
mismo hizo. Pero nada de eso se hará posible si no hay un esfuerzo de nuestra
parte, sino ponemos toda la carne en la parrilla.
La clave no está en
cosas como al amor propio, autoestima, motivación o altruismo. Se trata de amar
y dejarse guiar por el amor, puesto que sólo quien ama es capaz de entregarse
totalmente, sin medias tintas.
Ojalá aprendamos de los
santos, ellos sí que lucharon para no quedarse a mitad de camino. Pensemos en
el pobre San Lorenzo, que murió asado, literalmente. Lo pusieron en una
parrilla y en plena tortura pidió que lo dieran vuelta, para quedar dorado de ambos
lados. Seamos valientes y generosos, démoslo todo a quien lo dio todo por
nosotros.
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
elcuradetodos...ustedes
miércoles, 6 de agosto de 2014
De la tierra al Cielo - La mega fiesta
Hace pocos días tuvimos
una pequeña parrillada con algunos grandes amigos, de esos de toda la vida. En
un abrir y cerrar de ojos la casa estaba repleta de gente, con mucho ruido,
muchos hijos y mucho humo claro. Contemplando tan alegre cuadro y volviendo a
saborear cada uno de los abrazos y los besos recibidos como saludo y muestra de
la alegría del reencuentro, me puse a imaginar cómo será la más grande de las
fiestas.
![]() |
| Doña Perse cuando disfrutaba del mar. |
Y es que aunque no
sabemos la fecha en que se celebrará, sabemos que el día llegará. Los
anfitriones la están preparando desde siempre y el Hijo nos ha prometido que
será memorable. Habrá muchos motivos para festejar, pero yo siempre me detengo
en el que más me entusiasma: el reencuentro. Sólo pensar en volver a abrazar a
tantos que ya hace tiempo que no veo, porque se fueron lejos o porque murieron,
me hace mucha ilusión.
Algunos quizás no estén
de acuerdo conmigo. Ciertamente lo más importante ese día será encontrarnos con
el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, los anfitriones, los que han hecho todo
esto posible, pero yo ya me siento en comunión con ellos. Los amo y me aman y
de seguro en esa fiesta eterna esa comunión será mucho más perfecta, pero no
logro imaginarme como sería. Sin embargo
sí me imagino volviendo a abrazar a doña Perse y a Nino, a la Tata y a
tantos otros que ya no están. Es maravilloso pensar en ese reencuentro.
Vale la pena pensar y
añorar algo que sucederá, algo que Dios nos ha prometido. Nuestra esperanza no
será defraudada y el anhelo que hoy tenemos de esa fiesta, no sólo nos permite
encontrar consuelo ante la muerte, sino que nos alienta a ser fieles para poder
ser también parte de ese gran reencuentro.
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
@elcuradetodos ... ustedes
viernes, 1 de agosto de 2014
De la tierra al Cielo LXXXVI - El valor de una foto
Me detengo a mirar unas
fotos viejas. Antes parece que era todo un acontecimiento sacarse una foto.
Vestuario, locación especial y algunos otros detalles que hacían mágico aquel
“flash”. Una impresión que detenía el tiempo y lo dejaba sellado a perpetuidad.
Tiempo que va pasando velozmente y que sin esa foto quedaría en el olvido.
Y me pongo a pensar
cómo será para Dios, cuántas fotos nuestras tendrá Él. Quizás ninguna, porque
Él no las necesita, para el no hay tiempo ni espacio, para Él todo es presente.
Pero nosotros sí las necesitamos, a nosotros el tiempo sí nos corre y la memoria
nos falla, las fotos son muy importantes para no olvidar esa sonrisa, ese
rostro amado, ese momento de alegría o de luto, minutos que pasaron pero que
siempre son memorables.
Y vuelvo a pensar en
aquellos que ya no están con nosotros y me vienen esas ganas de mirar las
fotos, de volver a experimentar lo que sentía en su compañía. Y sigo pensando
en que el tiempo se pasa y la vida también, y le doy gracias a Dios por las
fotos, pero agradezco más todavía por las personas retratadas en ellas, porque sé
que siguen existiendo y verlos en las fotos me acerca a ellos. ¡Benditas fotos!
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
elcuradetodos ... ustedes
viernes, 4 de julio de 2014
Sin Pelos en la Lengua - La deuda eterna
Tantos poetas han
escrito sobre el amor materno y siempre se quedan cortos. El amor de la madre
es el que más se asemeja al de Dios: es desinteresado y gratuito, incondicional
y dispuesto a todo por la felicidad del hijo. Así nos ama mamá y así nos ama
Dios. Nuestro amor de hijos es limitado, porque es una respuesta al amor que
recibimos primero, es un amor de correspondencia, de gratitud.
Cuando me pongo a
pensar en el amor de mi madre, me preocupa la gran deuda que he adquirido con esa
mujer. Me parece que no me alcanzarán ni el tiempo, ni las fuerzas para poder
pagarle, me siento en deuda y una deuda eterna.
Se imaginarán entonces
como me siento cuando pienso en el Amor de Dios. Tantas maravillas que día a
día recibo de su parte. Mi vida ha sido y es una lluvia constante de
bendiciones, tantas que a veces me da miedo ni siquiera darme cuenta y que se
escapen de mi capacidad de descubrirlas. Y créanme que me preocupa.
Me preocupa entender
que jamás podré pagarle tanto amor. Como lo dice el salmo 116 “Cómo pagaré a
Yahvé todo el bien que me ha hecho”, así me siento. No me angustia, pero me
preocupa, no es una deuda que me aplasta, pero si me exige todos los días
esforzarme para poder pagar aunque sea algo de tanto que me brinda. Y en mi
oración le doy siempre gracias, pero también le pido que me aumente la
capacidad de amarlo y de seguir pagando mi deuda.
Estoy seguro que
ustedes también han percibido y descubierto cuánto los ama Dios, pero quisiera
saber si también sienten la preocupación de pagar la deuda.
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
elcuradetodos…ustedes
viernes, 13 de junio de 2014
De la tierra al Cielo LXXXV - Cansado pero no me canso
Cuando estamos cansados siempre parece que nunca lo
estuvimos tanto o que no hay otro que se canse tanto, sin embargo basta mirar o
recordar para darnos cuenta que no es así. En todo caso, el cansancio siempre
será parte de nuestra vida. Lo que cuenta es cansarse sin cansarse.
Yo tengo que confesar que me que ando muy cansado, sobre
todo en los últimos días. El trabajo parece que se me multiplica y además se
diversifica, lo que exige energía y también concentración. Pero aunque me
siente muy cansado, no me canso de hacer lo que hago. Es decir que uno puede
estar muy cansado físicamente, pero enamorado de lo que hace, por lo tanto no
se cansa de hacerlo.
Lo triste es estar cansado de hacer aquello que te toca, es
decir, estar aburrido, no encontrar el sentido o el objetivo de tu vida y por
lo tanto, de lo que haces. Cuando sucede eso, aunque lo que haces sea fácil y
agradable, termina agotándote el doble.Es decir que estás cansado y cansado.
Hoy quisiera que reflexiones un poco y te decidas terminar
con el círculo vicioso, y que más bien te canses de estar cansado y cansado.
Basta de tener una vida gris, cuando Dios nos ha diseñado para ser felices.
Empieza por descubrir lo bello de servir, que es lo que cuenta al final. Hagas
lo que hagas, lo que hayas escogido o que las circunstancias te pusieron a
hacer (aunque no te guste mucho), lo que cuenta es que descubras la alegría en
el servir, porque de eso se trata el amor.
Así, aunque te canses hasta el agotamiento, no te cansarás
nunca de hacerlo todos los días. Todo lo contrario, será un placer estar
cansado.
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
elcuradetodos
jueves, 29 de mayo de 2014
De la tierra al Cielo LXXXIV - El queso ajeno
Es necesario amar lo
que se hace, sólo así explotamos el máximo de nuestra capacidad y damos lo
mejor de nosotros mismos. Es comprensible que, cuando así sucede, sintamos un
sano orgullo por lo obtenido con esfuerzo y a veces incluso mucho sacrificio.
De ahí que surja aquel adagio de “Cada quien alaba su queso rancio”.
Y es que sobre gustos no
hay nada escrito, y lo que a uno le puede parecer extraordinario (porque es lo
suyo) a otro le podría parecer mediocre y no necesariamente porque haya envidia
de por medio. El tema es que como no me costó a mi, como no fui yo quien lo
hizo, no me parece tan importante o trascendental. Y aunque no provenga de la
envidia, el menosprecio de lo ajeno, no deja de ser pernicioso para la
convivencia humana.
La clave sería ponernos
en el lugar del otro y procurar valorar no sólo la obra en sí, sino el esfuerzo
que costó conseguirla. Para ello bastará con dialogar con el autor y descubrir
así el trasfondo de la obra. De seguro eso nos permitirá descubrir un valor
añadido. Una vez que hemos comprendido los antecedentes, veremos el fruto con
otros ojos y podremos saborear mejor el “queso rancio” ajeno, tal como hacemos
con el nuestro.
P. César Piechestein
elcuradetodos... utedes
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