Hoy me entretuve mirando una pelea entre dos pequeñas arañas. Al inicio la
lucha era pareja, pues eran de la misma especie y del mismo tamaño, aunque al
final una ganó la batalla. Lo que me sorprendió es ver que a continuación la
vencedora comenzó a alimentarse del cadáver de la vencida. Ya se imaginarán mi
sorpresa, porque aunque es común que entre animalitos haya combates, no lo es
tanto el canibalismo.

Todo ese evento me llevó a reflexionar sobre cuántas veces hacemos daño a
quienes están cerca nuestro, a nuestros afines, a nuestros incondicionales.
Dicen que todo enemigo, primero fue un gran amigo. No sé que tan cierto sea,
pero si creo que a veces nos comportamos como la araña de mi historia.
Es cierto que no nos comemos literalmente a nadie, pero sí que nos dejamos
llevar por nuestras bajas pasiones y entre insultos, injurias, calumnias y
cosas del género, dejamos hecho papilla a cualquiera. Y ya en ese estado,
cualquiera se lo puede almorzar.
Jesús nos dice en el capítulo seis de San Juan que quien coma su Carne y
beba su Sangre tendrá vida eterna. Creo que ese es el único caso en donde
realmente es santo comerse a alguien y para ello Jesús se ha hecho Pan. Procuremos
cada día comer de ese Pan y seguro tendremos la fuerza espiritual para
dominarnos y no “comernos” a nadie.
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
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