"Que no haya nada en tí que no sea lo que de tí se espera" (San Juan María Vianney)

sábado, 31 de diciembre de 2011

De la tierra al Cielo LXIV - Volver a empezar

Pensando en el nuevo año que iniciamos me venía el recuerdo de una película del viejo oeste norteamericano. Casi al final mostraban una carrera de colonos por medio de la cual cada quien se apropiaba de un lote de terreno donde construir su casa. Entre ellos destacaba una pareja de avanzada edad, que habían vendido sus propiedades y habían decidido emprender la aventura en nuevas tierras. Cuando el preguntaron al señor por qué lo hacía dijo: “Porque volver a empezar me hace sentirme vivo”.

Creo que son palabras como para reflexionar. Cuántas veces cuando tenemos que recomenzar nos sentimos desanimados. Volver al inicio nos parece un fracaso y nos puede causar incluso frustración. Sin embargo y por más que queramos evitarlo, muchas veces tendremos que hacer la experiencia de “borrón y cuenta nueva”, y si nos es borrón al menos si cuaderno nuevo.

Me pongo a pensar cuántas cosas nos traerá el 2012 y la verdad es que mi imaginación vuela. Podemos soñar y proyectar, planificando el futuro cercano, aunque bien sabemos que “el hombre propone y Dios dispone”. Aún así confiamos en su divina providencia y caminamos en la esperanza.

Quizás más que esperar que el año que comenzamos sea mejor, lo que tendríamos que desear es ser nosotros mejores. Hay cosas que no dependen de nosotros y que sólo podemos aceptarlas según van llegando. Pero aquello que si depende de nosotros, es decir, nuestra personalidad, nuestra vida interior, nuestras actitudes y decisiones, todo eso lo podemos ir mejorando.

Recuerdo que una gran amiga mi enseñó a orar por la juventud futura. Creo que lo primero que debemos hacer es orar por éste año nuevo y todo lo que nos traerá. Quizás así podremos lanzarnos con alegría en la aventura de volver a empezar.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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jueves, 29 de diciembre de 2011

Sin Pelos en la Lengua - La lección de San Esteban

Hace muchos años me enseñaron que cuando uno le pide a Dios una virtud (en mi caso la paciencia), no te da la virtud como algo que se puede recibir instantáneamente, sino que te brinda las oportunidades necesarias para poder adquirir esa virtud. Creo que todos tenemos claro que Dios es Padre, pero no es paternalista y además es el mejor de los maestros. Y de ahí tendríamos que partir cuando nos pone un verdadero desafío.

Sabemos bien que toda “la ley y los profetas” se compendian en un solo mandamiento: el del amor. Amar a Dios no debería ser una tarea difícil, puesto que es el más amable de todos. Amar al prójimo como a uno mismo es ya harina de otro costal, porque no siempre nos es tan fácil. Y si pensamos que debemos también amar a nuestros enemigos, la cosa se pone color de hormiga.

¿Pero quién es nuestro enemigo? De seguro pasarán por nuestra vida personas que nos hagan daño, pero que no son ni serán parte de la misma. El verdadero problema se produce cuando hablamos de quienes amábamos, quienes siendo parte importante de nuestra existencia un día cometieron el error de hacernos sufrir. Esos son los que reconocemos como enemigos.

Amar a quien nos ha hecho daño, quien ha sido la causa de un gran sufrimiento, es un desafío bastante grande. De ahí que sea también una extraordinaria oportunidad para adelantar en la virtud más importante: la caridad.

Hace pocos días hemos celebrado la fiesta de San Esteban, distinguido por su fe inquebrantable, tanto como para convertirse en el primer mártir. Pero junto al testimonio de su fe nos ha dejado el de su caridad. Al mismo tiempo que le llovían las piedras, oraba a Dios pidiendo el perdón de sus verdugos. Y en semejantes circunstancias no podemos pensar que fuese algo fingido. Y es que el perdón es la principal manifestación de amor a un enemigo.

Cuando Cristo nos manda amar a nuestros enemigos es precisamente porque sabe que es lo más conveniente para nuestra vida espiritual. Cierto que será un gran obstáculo, pero si lo superamos estaremos mucho más cerca de la meta.
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
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martes, 27 de diciembre de 2011

De la tierra al Cielo LXIII - El Castillo de Herodes

Un sacerdote anciano, mientras contemplábamos un hermoso Pesebre, me hizo una interesante observación. “Ya no ponen el castillo de Herodes” afirmó. A mi me tomó por sorpresa porque nunca se me había ocurrido que tal elemento fuera parte de un cuadro tan idílico como el del Nacimiento. Pero resulta que haciendo luego un poco de investigación entre la gente mayor, he confirmado que era una costumbre antigua el incluir dentro del cuadro también el castillo del Rey Herodes.

Parecería un antagonismo darle parte en la fiesta a quien quería matar al Niño, al culpable de que la Sagrada Familia tuviese que huir a Egipto. Sin embargo hay algo que no podemos dejar de lado y es que Jesús no vino a pasar unas vacaciones, sino a dar su vida para redimirnos. El castillo representa la oposición que durante toda su vida tendría que padecer el Mesías. Ese castillo representa el mal que sigue haciendo estragos en el mundo, el pecado que cada uno de nosotros comete y que, al fin y al cabo, es lo que llevó a Cristo a encarnarse.

Nuestra “blanca Navidad” tiene, por lo tanto, una mancha, una sombra. La misma marca que selló la vida de nuestros primeros padres en el jardín del Edén. Pretender que no existe es fácil pero ilusorio. 

Ser discípulo de Cristo nunca ha sido ni será una vida color de rosa. Él mismo nos ha ofrecido el ciento por uno en persecuciones y además nos aseguró que el discípulo no es más que su Maestro. Siendo Él leño verde lo trataron como lo trataron, qué será de nosotros que somos leño seco. Pero ese es el único camino si estamos dispuestos a tomarnos en serio nuestra vida cristiana, si de verdad queremos seguirlo.

Creo que sería recomendable comenzar a poner el castillo de Herodes en nuestros nacimientos, quizás así recordaremos que el Niño de Belén es el mismo Crucificado del Calvario, el mismo que a diario podemos recibir en el Pan de la Eucaristía. No podemos olvidar que mientras esperamos el Día de la Cosecha, el trigo y la cizaña deben crecer juntos.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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lunes, 26 de diciembre de 2011

Reflexionando el Evangelio: Sentirse amado - Solemnidad de la Natividad del Señor

Queridos Hermanos:

Nuestras celebraciones navideñas se han convertido en celebraciones muy poco centradas en lo espiritual, parece que el aspecto religioso ha pasado a segundo plano. El Evangelio nos recuerda el verdadero motivo de la alegría y la paz, que no tiene relación directa no con los regalos, ni con la cena, ni con el bendito Papá Noel. Y es del nacimiento de Cristo, de la encarnación del Verbo, de Dios que se hace hombre para redimirnos, que surge la felicidad cristiana.

Pero si la fiesta sigue teniendo como motivo el nacimiento del Niño Dios, habría que cuestionarse por qué para muchos ha perdido significado. En mi opinión hay una sola razón y es no sentirse amado. Porque todos comprendemos, más o menos, que Dios nos ama y que ha sido por amor que se ha encarnado y ha nacido en Belén. Pero no todos hemos sentido ese amor, no todos hemos hecho la experiencia del amor de Dios.

Una persona que se siente amada se distingue claramente. Transmite una alegría serena y no se derrumba ante las dificultades. Mantiene un optimismo, característico de quienes confían en la Providencia, de quienes se saben guiados por una mano invisible. Pero sobre todo son personas que aman y son, por lo tanto, fáciles de amar.

Quien, en cambio, no se siente amado, lleva una vida gris. Transmite amargura y muchas veces inclusive desesperación. Experimenta un vacío constante, lo que le hace estar siempre intranquila, buscando algo para llenarse. Y la Navidad, con su oferta de paz y amor le resulta muy atractiva. El problema es que se enredan en lo externo y siguen ignorando que es lo espiritual lo que hace la diferencia.

Dios nos ama y de eso no cabe duda, pero tenemos que abrir nuestro corazón para poder experimentar su amor. El tiempo de Navidad nos brinda muchas oportunidades. La alegría de la liturgia nos ayuda a revivir los días de la infancia y a recordar lo aprendido en el catecismo. La contemplación del pesebre, que es mucho más que un lindo adorno, nos ayudará a recordar la prueba del amor de un Dios que se hizo Niño, basta darle el tiempo necesario a la meditación de tan gran regalo. Una confesión bien hecha, con verdadero dolor de nuestros pecados, nos hará experimentar el perdón de Dios, y sabemos bien que quien perdona, ama. Y sobre todo, la comunión eucarística. Recibir al mismo Dios que no conforme con hacerse hombre, quiso también hacerse Pan. Todos caminos seguros para sentirnos amados por Él.

No es suficiente con renunciar a los regalos o al banquete, quizás no sea ni siquiera necesario. Lo que urge es recorrer el sendero que nuestra Madre la Iglesia siempre nos propone y que millones a lo largo de la historia han recorrido y siempre con el mismo fruto: una vida feliz.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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jueves, 22 de diciembre de 2011

La historia de la Campaña "Abrazos Gratis"

Abrazos Gratis es un movimiento de carácter internacional que consiste en ofrecer abrazos a desconocidos con el afán de regalar afecto, en un mundo globalizado donde reina la desconfianza, los prejuicios y los problemas.

En el año 2004, Juan Mann (seudónimo cuya fonética coincide con One Man, "un hombre") regresa a Australia, su país natal. Una vez allí, el sentimiento de soledad comienza a invadirlo, sus padres acababan de divorciarse, se había separado de su prometida y su abuela había fallecido.

Para animarse decide ir a una fiesta, donde una desconocida le regala un abrazo, "Me sentí como un rey, fue lo mejor que me ha pasado nunca", así describiría ese momento tiempo después, en una de las pocas entrevistas que hay de este personaje. Con ese sentimiento, un 30 de junio, decide salir a repartir abrazos a la gente que transitaba por Pitt Mall Street en Sídney.

Así fue como conoció a Shimon Moore, quien grabó al protagonista abrazando y el intento frustrado de la policía de prohibir los abrazos gratis. Precisamente, sería ese video alojado en YouTube, el que llevaría una simple actitud a transformarse en todo un movimiento a nivel mundial, conocido como Free Hugs Campaign o Abrazos Gratis entre los hispanohablantes.

A partir de 2006, el movimiento se logra expandir alrededor del mundo gracias a personas que, motivadas por el vídeo original, deciden lanzarse a las calles a repartir afecto, y posteriormente, gracias al boca a boca originado por estas espontáneas acciones.

Actualmente, el movimiento continúa por todo el mundo, y en YouTube se alojan centenares de vídeos creados por los abrazadores que simplemente pretenden compartir sus experiencias con más gente.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

De la tierra al Cielo LXII - Abrazo de letras

Hasta ahora hemos hablado de los tipos de abrazos “en vivo y en directo”, pero hoy quisiera hablar de un tipo de abrazo que se puede dar a la distancia. Lo llamaremos “abrazo de letras”. 

No cabe duda de que una de las formas más delicadas de comunicar emociones y sentimientos son las palabras. Éstas sirven como conductor, como expresión no física del afecto. Y son capaces de dejar huellas imborrables, tanto positivas como negativas. Las palabras pueden abrir heridas y también cerrarlas, construir y destruir vínculos.

Cuando esas palabras no se pueden decir a viva voz porque existe alguna razón que lo impida, se ponen por escrito. Durante siglos las cartas han sido instrumento para entrelazar destinos y cultivar relaciones aún a grandes distancias. Y además las palabras escritas tienen una gran ventaja sobre las dichas a viva voz y es que las primeras se pueden releer las veces que uno quiera y conservarlas para toda la vida. Es conmovedor el revivir una emoción antigua al volver a leer una carta recibida mucho tiempo atrás.

Hoy en día los nuevos medios de comunicación nos permiten llegar con nuestras letras a todas partes del mundo y en de forma inmediata. La era digital a través de internet nos ofrece un campo vastísimo de instrumentos para comunicarnos, haciendo posible que “abracemos” a tantos.

Si queremos ser fieles a nuestro compromiso de abrazar siempre y no desperdiciar ninguna oportunidad de hacerlo, hemos de aprovechar también ésta. Abrazar con las letras es traducir lo que nos une a nuestros seres queridos en palabras y ponerlas por escrito. Basta que sea auténtico, que sea tuyo, para que quien lo recibe lo sepa valorar.

Abracemos sin cansarnos, que sea ésta nuestra revolución. Sabemos que Dios es Amor y que siendo nosotros sus hijos hemos de transmitir ese amor con hechos y palabras. No digo que el abrazo sea la panacea, pero estoy convencido que es uno de los mejores puentes entre los hombres, un puente por el que podemos hacer llegar la Palabra de Dios. Y que mejor prueba de amor que ayudar a todos a acercarse a Jesús.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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lunes, 19 de diciembre de 2011

Reflexionando el Evangelio: Hágase en mi - Cuarto Domingo de Adviento

Queridos Hermanos:

Contemplar el anuncio del Ángel a María es como mirar por una ventana el interior del más grande de los misterios: Dios que se hace hombre. Pero ese grandísimo milagro se hizo realidad gracias al sí de una muchacha israelita, que tenía clara su identidad de esclava del Señor.

Dios, siempre delicado, no impone sino que propone a la que había elegido como madre de su Hijo la misión de darle un cuerpo, de nutrirlo y educarlo. Una vez más, quizás la más impresionante de todas, podemos palpar la infinita confianza que Dios deposita en los hombres. María no decepciona al Señor y acepta generosa y con alegría la llamada a la maternidad divina.

Pero ella también comprendía que se ponía en peligro. Si José la denunciaba podría perder la vida lapidada. Pero más pudo su obediencia, su amor y su fe, que el temor a morir. Así lo haría también su Hijo cuando cerca de su pasión sintió temor, al punto de pedirle al Padre que apartara de Él ese cáliz amargo. Pero al final y aún en medio de la angustia que le hacía sudar gotas como de sangre, afirmó que haría la voluntad del Padre y no la suya.

La voluntad de Dios es perfecta, porque Él es perfecto. Su voluntad es que todos los hombres se salven, que sean felices en ésta vida y sobre todo en la eterna. Pero eso no significa que todo será “color de rosa”. María vivió feliz porque sabía que cumplía la voluntad de Dios, pero una espada le atravesó el alma. No fue exonerada del dolor, como tampoco Jesús. Nuestra felicidad no será nunca la que pintan los cuentos de hadas, sino la auténtica felicidad, la del gozo de saberse amado y en comunión con Dios.

Nuestra voluntad nunca será perfecta. Nuestra naturaleza humana es egoísta y caprichosa, influenciada por el pecado. De ahí que no sea recomendable hacerla prevalecer sobre la voluntad de Dios. Quien sigue el plan que se elaboró no quedará nunca satisfecho, mientras quien cumple el plan de Dios se realizará en todo sentido.

Que éstos días de la novena nos ayuden a descubrir lo que Dios espera de nosotros y a poner en marcha su plan, sólo así seremos todos felices.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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jueves, 15 de diciembre de 2011

Sin Pelos en la Lengua - A Dios rogando ...

Los católicos que nos decimos practicantes y que procuramos participar activamente en la Iglesia tenemos ciertos pedidos que repetimos con frecuencia. En la oración común repetimos muy seguido dos peticiones importantes: pedimos por la conversión del mundo y pedimos por las vocaciones sacerdotales. Ciertamente siendo el objetivo esencial de la Iglesia la salvación de las almas, no podemos dejar de orar por la conversión de todos. Y pretender que esa conversión llegue a ser realidad sin la intervención de los sacerdotes, administradores de los sacramentos, es impensable.

Sin embargo hay un dicho muy repetido que dice: “A Dios rogando y con el mazo dando” que creo nos ayudará a revisar el “còmo” de nuestra oración. Porque es cierto que hemos de orar siempre, pero también es cierto que nuestra oración además de constante debe de ser sincera y acompañada de la coherencia entre lo que pedimos y lo que somos.

Nos puede pasar que, como decía al principio siendo católicos practicantes, nos parezca que nos tenemos que preocupar de la conversión de los demás y nos descuidemos de la nuestra. Sería sincero orar para que otros se conviertan mientras yo hace rato que me siento muy conforme y pagado de mi mismo. Tengo que recordar que cuando rezo por la conversión de los pecadores yo estoy incluido dentro del conjunto. Por supuesto que debo rezar porque toda la humanidad viva en comunión con Dios, pero mientras estoy luchando en una conversión personal constante.

Se dice que San Juan Bosco tuvo una visión que le permitió conocer que de los jóvenes que Dios llama al sacerdocio, sólo el 10% responde a la llamada. Todos hemos de obedecer al mandato del Señor “Oren al dueño de la mies que envíe obreros a sus campos” y de ahí que sea una constante en nuestras comunidades la oración por las vocaciones. En realidad lo que pedimos no es que Dios llame a más jóvenes, puesto que Dios llama a todos los que son necesarios. Lo que pedimos es que los llamados sean generosos y dóciles a la llamada. Y una vez más nos tendríamos que cuestionar porque podemos pedir que otros sean generosos y dóciles a la voluntad de Dios si nosotros no lo estamos siendo. Porque Dios nos manifiesta su voluntad todos los días y hay que ver que muchas veces nos hacemos los sordos.

Creo que el principio queda muy claro: no es coherente pedir que los demás hagan aquello que yo no me esfuerzo por hacer. Sigamos rogando al Señor y al mismo tiempo procuremos aprovechar las gracias que nos brinda cada día. Seguro que así nuestra oración será más digna y fecunda.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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martes, 13 de diciembre de 2011

De la tierra al Cielo LXI - Disfrutar del perdòn

Me encantan los perros, son excelentes compañeros. Creo que no lo pueden pasar peor que cuando se los deja atados. Me parece que todos hemos podido ver alguna vez cómo reacciona un perrito que luego de pasar el día encadenado tiene la suerte de que su dueño lo suelte. Es como que explota de energia, corre en círculos, salta y ladrá con fuerza, pero sobre todo agradece al patrón. Creo que si pudieran reír lo harían a carcajadas.

Quizás la comparación pueda parecer un poco forzada, pero creo que es justa. Quien ha hecho la experiencia del perdón me dará la razón. Cargar con nuestras culpas es demasiado pesado, es una cadena que nos impide vivir, nos quita la alegría, nos impide la libertad. Cuando somos perdonados, somos literalmente liberados de esas cadenas. Es un cambio raidcal que lo podemos palpar desde dentro. Es una alegría empapada de paz que inunda cada rincón de nuestro ser y que nos mueve a amar. Y es así como empieza el círculo virtuoso puesto que quien ha hecho una experiencia semejante alienta a otros a hacerla también.

No creo que haya un lugar más propicio para vivir esa sensación que en el confesionario. Arrodillarte cargado de miserias, con la tristeza y la verguenza del penitente, para levantarte con la paz del perdón, la alegría de la amistad recuperada, la salud que produce la gracia, no ya como un penitente sino como hijo amado. Esa es la "magia" que nos regala Cristo misericordioso a través del sacramento de la reconciliación, que además está a nuestro alcance cada vez que lo queramos recibir, basta el sincero arrepentimiento.

Nadie tiene porque vivir encadenado si no quiere. Así de triste como un perrito inmovilizado por una soga, es la imagen de un hijo de Dios reducido a la mínima expresión por culpa de sus culpas. Que distinta es la libertad que nos da la gracia, el perdón de quien aún clavado en la Cruz perdonaba a sus verdugos. No dejes de vivir la experiencia de la confesión, no te quites la libertad.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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domingo, 11 de diciembre de 2011

Reflexionando el Evangelio: ¡Alégrense! - Tercer Domingo de Adviento

Queridos Hermanos:

El tercer domingo de Adviento tiene un nombre propio: “Gaudete”. Significa “Alegrense” y por eso hoy se enciende la vela rosada de la corona de adviento y muchos sacerdotes visten una casulla del mismo color para celebrar la Misa. Si se fijaron con atención en la primera y segunda lectura nos invitaban a la alegría y nos daban las razones para estar felices. Como salmo responsorial hemos rezado el “Magnificat”, que es el canto de Santa María que exulta de gozo en Dios. Y en el Evangelio San Juan Bautista nos recuerda que él es la voz de uno a quien no merece desatarle la sandalia, es decir del prometido, del esperado de los tiempos, el Salvador que viene trayendo la alegría de la liberación.

Hemos recordado que el Adviento nos prepara para la segunda venida de Cristo, para el día en que todos resucitaremos, el día en que se instaurará su Reino definitivamente. Por eso repetimos “Ven Señor Jesús”. Pero quizás para algunos sea un poco tétrico pensar en el día del Juicio Final, les parecerá algo de lo que mejor no hay que hablar, porque “no vende”. Mejor sería quedarnos con los villancicos y las luces del arbolito de Navidad. Pero el problema es que si no profundizamos en el mensaje del Adviento, nuestra alegría navideña no tendrá un fundamento trascendental.

Antes que Cristo viniera al mundo nuestra esperanza era sólo que viniese, puesto que sólo Él podría rescatar a la humanidad del pecado y de la muerte. Celebraremos por eso en pocos días su primera venida. Sin embargo ahora nuestra esperanza es que regrese a renovar la tierra, a hacer nuevas todas las cosas y eso ocurrirá en su segunda venida. Recordar que vino la primera vez nos alienta porque sabemos que así como se cumplió aquella primera promesa, también se cumplirá la segunda.

Nuestra alegría se fundamenta en esa esperanza cierta. Cada vez que nos confesamos y recibimos su perdón, cada vez que lo recibimos en la Eucaristía, cada vez que lo vemos y servimos en el hermano, renovamos esa esperanza que nos hace vivir felices, con el gozo de quien se sabe amado por Dios.

Isaías, San Pablo, San Juan Bautista y la Virgen nos quieren contagiar la alegría que experimentaron en Dios y que viven ahora plenamente en el Paraíso. De cada uno depende el hacer la misma experiencia, Dios no se hace negar. Basta buscarlo ahí donde está siempre, en el Sagrario. ¡Alégrense!
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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Llevo el nombre de un beato sacerdote y extraordinario catequista:

Les presento a mi patrono, también un apasionado de la catequesis. Aunque oficialmente su fiesta se celebra el 15 de abril, en Italia la celebran el 10 de diciembre. Así que espero me tengan presente el próximo abril, acepto felicitaciones y regalos también.

 Beato César de Bus
Presbítero y Fundador
de la Congregación de los Padres de la Doctrina Cristiana
Patrono de los catequistas

Martirologio Romano: En Aviñón, de la Provenza, en Francia, beato César de Bus, presbítero, que, tras haberse convertido de la vida mundana, se entregó por entero a la predicación y a la catequesis, y fundó la Congregación de los Padres de la Doctrina Cristiana, para que diese gloria a Dios con la instrucción de los fieles (1607). 

Fecha de beatificación: 27 de abril de 1975 (año de mi nacimiento)  por el Papa Pablo VI.

Nació en Cavillón, Francia, el 3 de Febrero de 1544. Sus padres emigrantes italianos pertenecían a la corte de Carlos III, por lo que César se vio involucrado en ese mundo de frivolidades.

Ingresó a la milicia y destacó como poeta. Sin embargo, un día experimentó una visión de la Virgen María. A partir de entonces atendió los consejos del sacerdote jesuita Pierre Péquet y los ruegos de su amiga Antoniette, quien, por ser analfabeta, le pedía le leyera las vidas de los santos; así tuvo lugar su transformación.

Ingresó al seminario y se ordenó sacerdote. El obispo observó sus cualidades y le encargó dirigir la catequesis en Aixen-Provence, una zona involucrada en serios conflictos y guerras religiosas. Admirador de san Carlos Borromeo, trató de seguir su ejemplo en la enseñanza del catecismo, y logró que cientos de pequeños asistieran a la doctrina y practicaran lo aprendido.

Con otros sacerdotes fundó los Padres de la Doctrina Cristiana (Doctrinarios o Doctrinarios de Aviñón), cuya aprobación fue concedida por Clemente VIII (1592-1605) en 1597, y la orden femenina de las Ursulinas de la Provenza. Su obra influyó en grandes educadores catequistas, como san Juan Bautista de La Salle y san Marcelino Champagnat.

Su obra fue arrasada por la Revolución francesa, pero ya tenía fama en Italia y Brasil.

Murió el 15 de Abril de 1607, Domingo de Pascua, en Aviñón, Francia, admirado por su entrega a los pequeños y devoción.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Sin Pelos en la Lengua - ¡Ven Señor Jesús! ... mientras tanto voy yo!!!

Durante 2000 años los cristianos de todo el mundo hemos repetido la oración “Ven Señor Jesús” para manifestar el deseo que tenemos de que el Salvador vuelva en gloria. Sabemos que ese día comenzará una nueva era, se instaurará el Reino de Dios y se harán nuevas todas las cosas. No habrá más muerte, ni dolor, ni sufrimiento, ni pecado. Luego de resucitar, viviremos eternamente felices, junto a Dios y a nuestros seres amados. Sabemos que vendrá pero no sabemos cuando.

Para muchos esto se ha convertido en un factor de preocupación y de predicciones. Creo que todos tenemos frescas en la memoria imágenes de lo ocurrido por la llegada del año 2000. Pero han pasado casi doce años desde entonces y aún seguimos esperando y repitiendo “Ven Señor Jesús”. Será que no hay nada más que hacer?

Pues yo creo que si Jesús no viene, habrá que ir a su encuentro. Y es que la espera cristiana no puede ser pasiva. Estar con Cristo se puede ya en esta era y lo podemos hacer de dos maneras básicamente.

Quien quiera ir a Cristo basta que busque el Sagrario más cercano. Sabemos que ahí está Cristo presente y tantas veces abandonado. En su primera venida decidió que se quedaría hecho Pan Eucarístico para alimentarnos y acompañarnos. Mientras esperamos que regrese en gloria, hemos de ir a El en sus Sagrarios.

La consecuencia lógica de este ir a Cristo Eucaristía es que vayamos a El en los hermanos. Siendo todos parte del Cuerpo Místico de Cristo, lo podemos encontrar en todas las personas y en nosotros mismos. No siempre es fácil ver a Jesús en el prójimo, pero no podemos dudar de que está ahí presente.

Antes de pensar en Navidad, debemos pensar en cuán cerca estamos de Jesús. Mientras esperamos que El venga a renovar la faz de la tierra, nosotros vamos a El. No hay nada más reconfortante que saber que, aunque estamos esperando algo que nuestros antepasados también esperaban y aún no llega, basta con tomar la iniciativa para vivir la experiencia por adelantado, aunque sea sólo en parte. Porque vendrá, pero ya está entre nosotros.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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martes, 6 de diciembre de 2011

De la tierra al Cielo LXI - Tiempo de aplicarse

Se acerca el tiempo de exámenes y se nota la tensión en cada estudiante. No puede ser de otra manera cuando uno se siente presionado por el deber de dar razón de los conocimientos adquiridos, hora de rendir cuentas a maestros y padres de familia. Y es que nadie quiere quedarse de año, ni tampoco quedar mal delante de los demás. Ante semejante situación sólo queda un camino: aplicarse al estudio.

De las experiencias estudiantiles e incluso profesionales más estresantes hemos de subrayar el momento del examen. Son muchos los factores, pero quizás el mayor sería la posibilidad de perder. Perder al año, perder la oportunidad de trabajo, perder la buena opinión que los demás tienen de uno (ganada con tanto esfuerzo). Todo eso sumado nos hace temer el tiempo de evaluación y nos obliga a un esfuerzo mayor, sobre todo previo a rendir examen.

Todo esto me lleva a pensar en el más trascendental de los exámenes, aquel que tendremos que dar ante el mismo Dios. El día del juicio nos tocará rendir cuentas de lo aprendido en nuestra vida, de nuestro aprovechamiento. Y es que, así como el tiempo de estudios, el tiempo de vida tiene un límite luego del cual tendremos que demostrar lo aprendido, en la teoría y en la práctica.

El tiempo de adviento se asemeja al período previo a los exámenes. La Iglesia nos pide que nos apliquemos al estudio, al autoexamen, recordándonos que Cristo volverá para juzgarnos a todos. Cierto que así como los buenos estudiantes estudian todo el año y no sólo los días antes de los exámenes, los buenos cristianos están siempre preparados para dar cuentas de su vida. Pero como no todos son tan buenos alumnos, es necesario recordar a los más flojos que hay que aplicarse. Ojalá nos sintamos todos aludidos y no dejemos pasar sin fruto estos días previos a la Navidad. Porque cuando se trata del plano espiritual no hay posibilidad de exámenes supletorios.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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domingo, 4 de diciembre de 2011

Reflexionando el Evangelio: Quien ama pide perdón - Segundo Domingo de Adviento

Queridos Hermanos:

Dicen que perdonar es divino y no se equivocan. Sólo Dios es infinitamente misericordioso y está siempre dispuesto a perdonar. Sin embargo también nosotros, siendo sus hijos, estamos llamados a entrar dentro del misterio del perdón. Parte esencial de nuestra vida espiritual es el aprender a dar y a pedir perdón.

En el Evangelio de hoy vemos cómo la predicación de Juan el Bautista mueve a los judíos no sólo a bautizarse, sino también a confesar públicamente sus pecados. Es decir que el signo del agua, no se quedaba en ellos sólo como un acto externo sino que representaba el deseo de recibir el perdón de Dios, de reconciliarse con Él. El pueblo de Dios tenía clara conciencia de haber ofendido al Señor y por eso no se hicieron esperar. Afirma San Marcos que toda Jerusalén iba al río a recibir el agua de manos del Precursor.

Pedir perdón es cosa seria y nos cuesta. Sin embargo hay que reconocer que nos cuesta más con unos que con otros. Cuando hemos ofendido a una persona que amamos, casi enseguida nos surge la necesidad de recibir su perdón. No nos sentimos bien sabiendo que nuestra relación ha quedado herida y nos urge reconciliarnos. Si lo mismo sucede con alguien que no nos es tan querido puede ser que esa necesidad de reconciliarnos surja más tarde. Quizás primero tengan que pasar algunos días para que nos nazca el arrepentimiento y nos lleve a pedir perdón. Ni se diga si lo mismo nos sucede con alguien que nos importa muy poco. En ese caso quizás no pidamos perdón, no tengamos remordimiento.

Y entonces la pregunta que hoy debemos respondernos es cuánto tiempo necesitamos para arrepentirnos cuando hemos ofendido a Dios. Puede sucedernos que pasemos semanas y hasta meses sin la gracia de Dios y sin sentir dolor por nuestros pecados. Si es así habrá que pensar que amamos muy poco a Dios. Un alma que tiene a Cristo como centro de sus afectos y pensamientos no resistirá estar alejada de Él. Después de haberlo ofendido sentirá la necesidad urgente de confesar su culpa y reconciliarse con Dios. Así como lo hicieron los judíos al oír la predicación de Juan que anunciaba la llegada del Mesías.

En este segundo domingo de Adviento hemos de examinar nuestro interior, medir la intensidad de nuestro amor a Dios. Nos bastará con el termómetro del dolor de nuestros pecados. Si nos falta ese arrepentimiento sincero, es que nos falta también el amor a Cristo. Y si nos falta el amor nos falta todo. Hemos de provechar éstos días para descubrir por qué aún no lo amamos como deberíamos, sólo así podremos poner los medios que hagan falta para hacer crecer nuestra comunión con Él.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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jueves, 1 de diciembre de 2011

De la tierra al Cielo LX - El eterno perdedor

No soy fanático de los juegos de mesa y la verdad es que quizás por eso cuando juego casi siempre me va muy mal. Sin embargo hace algunos meses las “Damas” me han regalado una lección que les quiero compartir. 

Se dice que cada persona es un mundo, afirmando justamente que somos irrepetibles, singulares y originales. Eso podría ser visto como una dificultad en el plano de las relaciones humanas, tanta heterogeneidad lógicamente tendría que obstaculizar el desarrollo de vínculos entre seres tan diversos. Sin embargo la experiencia confirma lo contrario. Quienes comprenden que los seres humanos no son robots y por lo tanto no somos uniformes, logran comunicarse y entablar buenas relaciones con muchos.

Sin embargo esas mismas diferencias nos hacen ver que no podemos llegar a todos de la misma manera. Cada persona tiene expectativas distintas y es muy difícil complacer a todos. De ahí que el principio esencial es que debemos ser siempre auténticos y sinceros, mostrarnos como realmente somos, dando lo mejor de nosotros mismos.

Como les decía al inicio, las “Damas” me recordaron éstas verdades. Me regalaron un amigo. Al principio me parecía poco probable poder hacerme amigo de aquel muchacho que sólo podía ver una vez a la semana, durante el almuerzo del sábado. Llegaba cuando la comida estaba sobre la mesa y se marchaba, casi sin hablar, una vez había terminado de comer. Hasta que un día vi que le regalaban un juego de “Damas”. Fue el momento en que mientras lo mostraba me invitó a jugar. Desde entonces y sin falta, cada sábado jugamos nuestro partido. Hasta ahora no he ganado ni una sola vez, el experto es él. Pero he ganado un amigo y eso vale la pena.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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martes, 29 de noviembre de 2011

Sin Pelos en la Lengua - ¡Nunca cambies!

Es una costumbre muy común, sobre todo entre los jóvenes poner dedicatorias con frases que se repiten. Creo que no exagero al decir que una de las más usadas es “Nunca cambies”. La idea es positiva, puesto que quiere expresar que la persona en cuestión tiene muchas cosas buenas que no debe perder. Sin embargo y sin ánimo de crear polémica me veo en la necesidad de aclarar que eso no es posible.

Es simplemente irreal pensar que alguien no puede cambiar. Cada día que vivimos es irrepetible y es imposible pensar en retroceder el tiempo. Si pensamos en el tema físico, por ejemplo, vemos que unos crecen, otros engordan, otros envejecen, etc. Cambiamos de forma rápida y si les parece exagerado dediquen un tiempo a mirar fotos.

Pero no es ese el cambio más importante, no nos podemos quedar en la superficie. Nuestras ideas, metas y proyectos también cambian. Algo que hace un año nos parecía esencial, hoy nos puede interesar muy poco. Una decisión que tomamos hace un mes, convencidos de que era la mejor opción, ahora la vemos como un mal paso. Cambiamos constantemente de perspectiva, de opinión e incluso de sentimientos.

El problema no es que podamos cambiar, sino que cambiemos para peor. Gracias a Dios que nos ha hecho libres y que haciendo buen uso de esa libertad podemos perfeccionarnos, podemos mejorar.

Hemos comenzado el Adviento y la Iglesia que es madre y maestra nos recuerda que debemos estar preparados para cuando Cristo vuelva. Seguro que hay mucho en nosotros que podemos cambiar y así estar mejor dispuestos para su retorno. Y cambiar no significa que todo lo que hay en nosotros está mal, al contrario. Pero aún aquello que está bien puede crecer, puede afianzarse más. Lógicamente hemos también de corregir lo malo, nuestras debilidades y defectos. En fin cambiar para mejor.

No pretendo con lo dicho cambiar la costumbre de las dedicatorias juveniles, sólo aprovecharlas como oportunidad para recordar que el cambio es parte cotidiana de nuestras vidas. Dios nos invita a cambiar y nos da su gracia para que podamos hacerlo para mejor. Poco a poco ese cambio nos tendría que llevar a la santidad y luego al Paraíso.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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domingo, 27 de noviembre de 2011

Reflexionando el Evangelio: Un paso a la vez - Primer Domingo de Adviento

Queridos Hermanos:

Todavía recuerdo la impresión que me causó el libro “Anatomía y fisiología” de un tal Tórtora, la primera vez que lo tuve en mis manos. Creo que pesaba como dos kilos y para cualquier muchacho de quince años era prácticamente imposible estudiarse semejante bloque. Poco después conocí a la Dra. Aguilar, quien sería la profesora que con un método simple lograría que lo, no solo lo leyéramos sino que lo estudiáramos a conciencia. Recuerdo que la única indicación de la primera clase fue que cada día apenas iniciar la hora de clases tomaría lección de lo dicho el día anterior. Y lo cumplió religiosamente. Apenas llegaba llamaba a uno de la lista que a continuación se debía poner de pie y dar lección oral. El “manual” de Tórtora se convirtió en nuestro compañero de todos los días y aún hoy lo conservo como prueba de la lección aprendida.

Y es que la Dra. Aguilar me enseñó dos lecciones esenciales. La primera es que aún las cosas que parecen imposibles de lograr son alcanzables si das un paso a las ves. Aquel libro que parecía infinito lo pudimos estudiar de a poco. La segunda lección es consecuencia de la primera: quien cumple a diario con su deber, siempre estará preparado, ocupado y bien dispuesto.

Hoy Jesús en el Evangelio nos recuerda que tenemos un deber que cumplir. No se trata sólo de no cometer pecados o de hacer muchas obras buenas. Lo que quiere es que seamos santos. A simple vista nos parecerá imposible de lograr y sin embargo muchos lo han logrado, un paso a la vez. Dios no nos pide nada imposible, sólo que no desperdiciemos ni un solo día, que cada jornada demos un paso adelante. Sea cuando sea que nos llegue la muerte y con ella el juicio, nos encontraremos empeñados en alcanzar la meta. Aunque aún no hayamos llegado a ella, lo que el Señor espera es encontrarnos trabajando, procurando alcanzarla. Él nos ama tal como somos, pero espera que demos lo mejor de nosotros mismos y que nuestros talentos se multipliquen.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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jueves, 24 de noviembre de 2011

De la tierra al Cielo LIX - El abrazo "irrepetible"

Nuestro profesor de liturgia y además rector del seminario, padre Juan Bravo, nos enseñó a celebrar la Misa. Recuerdo que nos insistía mucho sobre la importancia de cuidar hasta los más pequeños detalles, pero sobre todo nos pedía que celebráramos con devoción. Nos repetía aquella frase que cada sacerdote debe recordar: “Haz de celebrar ésta Misa como si fuera la primera, como si fuera la única, como si fuera la última”. El padre Juanito nos dejó hace algunos años, pero estoy seguro que su última Misa la habrá celebrado con la misma o más devoción que con la que celebró la primera. Dios lo tenga en su gloria.

Hoy quisiera que pensemos en un tipo de abrazo muy especial. Lo llamo el abrazo “irrepetible”. Como su nombre lo indica, no se puede repetir, se da una sola vez. Todo abrazo entra en éste tipo: el de acogida, de arrullo, paracaídas, festivo, etc. La diferencia es que será la última vez que abracemos a esa persona.

La muerte es parte de la vida y nadie sabe cuando llega. Cualquier abrazo que demos podría ser el último que compartamos con ese amigo o familiar. No sabemos si lo volveremos a ver y por lo tanto es una oportunidad que hemos de valorar al máximo. Cada abrazo podría convertirse así en un momento irrepetible, al menos con esa persona.

Hoy parafraseando la oración del primer párrafo tendríamos que decir: “Haz de dar éste abrazo como si fuera el primero, como si fuera el único, como si fuera el último”. Es cierto que la muerte nos entristece, pero es también cierto que como cristianos vivimos en la esperanza de la resurrección. Aquel día reencontraremos a todos nuestros seres queridos y podremos repetir todos nuestros abrazos, pero hasta entonces debemos valorar cada abrazo que compartimos y abrazar bien. Yo espero poder volver a abrazar al padre Juanito.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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miércoles, 23 de noviembre de 2011

¡¡¡ A los tiempos !!! - Nonagésimo Octavo Informe Cesarial

Mis muy extrañados ALA:

No estaba muerto andaba de parranda… ya algunos habían manifestado su preocupación por la ausencia prolongada de los informes cesariales, pero no hay motivos para preocuparse. Es sólo que, luego de dos años, no hay muchas cosas nuevas que contar. Para no dejar de escribir y compartir los avatares en Roma, elcuradetodos presentará de ahora en adelante un informe mensual, en lugar de uno semanal. Espero no aburrirlos mucho y poder así tenerlos informados en éste mi último período lejos de la patria. Sin más ni más, les comparto las noticias.

Mis más largas vacaciones
Creo que nunca en mi vida había tenido un período vacacional tan largo. Desde el 7 de junio hasta el 13 de octubre, es decir más de 4 meses de descanso. Si no me equivoco les conté sobre mi visita a las tierras de Don Manuel González, en agosto. Los primeros días de septiembre pude visitar a mis grandes amigos Carlos y Gigi, que viven en Bélgica. Fueron días para compartir con sus hijos Valeria (a quien bauticé hace diez años en Ibarra) y Andrés, con quien podía jugar a diario y la abuela, Doña Michelita. Fue también un tiempo para descubrir algunas cosas un poco tristes, como la que les conté de los tachos de basura frente a la entrada principal de una Iglesia en pleno centro de Bruselas. Lo más sabroso sin lugar a dudas fue el delicioso chocolate belga, del cual pude comer a diario (algún kilito lo testimonió).

Una vez de regreso fui a visitar a mis queridos primos a Romeno, provincia de Trento. Días de descanso, compartiendo con ésta parte nueva de mi familia. Además en plena cosecha de manzanas, en la que pude colaborar. No podía tampoco faltar al ordeño y la alimentación de los terneros. Como siempre las horas se pasaron volando. En un abrir y cerrar de ojos era tiempo de regresar a Roma y tomar el avión para viajar a Ecuador.

Y como se podrán imaginar, en Ecuador el tiempo se me fue volando, pero muy bien aprovechado. Pude oficiar dos matrimonios y tres bautizos. Primero en Milagro unieron sus vidas Javier y Eva, grandes amigos que quiero como a hijos. Luego Silvia mi secretaria y amiga, mi mano derecha desde hace nueve años, también encontró su alma gemela, Don Mili. Miguelito Mendoza, María Judit Collantes (ahijada) y Milena Zambrano, recibieron las aguas del bautismo, con la alegría de sus padres, todos grandes amigos míos. Muchas vueltas, muchas visitas y el deseo imposible de contentar a todos. Pero el tiempo es veloz, llegó el día de volver a Roma y reiniciar las clases.

Ultimo curso
Finalmente hemos iniciado el último año de ésta licenciatura en comunicación institucional. Mis compañeros y yo estamos contentos aunque también un poco tensos puesto que tendremos que presentar y defender nuestra tesis. Somos un poco menos ya que algunos que tenían estudios en periodismo pudieron terminar en dos años y ya no nos acompañan. En ésta ocasión no me eligieron delegado de nuestro grupo sino vice delegado. La sorpresa fue a nivel de facultad donde decidieron que fuese el delegado de la misma. Al final se sirve desde cualquier lugar, basta meterle ganas. Tenemos menos materias y también menos cantidad de deberes, pero las materias y los deberes que tenemos son más complicados. Al final seguimos siempre a carreras, aunque ya casi acostumbrados.

Comunicación preventiva de Crisis
Dicen que es la cereza en la cumbre del pastel. La materia se titula “Comunicaciòn preventiva de crisis” y es presentada como la más importante pues nos obliga a poner en práctica todo lo que hemos aprendido. La verdad es que nos pone en crisis con cada caso que nos toca resolver, pero ahí vamos. Otro tarea ha sido la de administrar un blog y aunque estaba convencido que alguno de los cinco que tengo me habría servido, resulta que me tocó hacer un nuevo. Aprovecho la ocasión para recordarles los nombres de los mismos, así los visitan también: “Misioneros Eucarísticos Diocesanos”, “Ser Catequista Hoy”, “Jarcias Mar Adentro”, “Vangelo per tutti” (en italiano) y el nuevo “Medio con fin”. Basta dar un clic sobre el nombre de cada blog para poder visitarlo. Sus comentarios serán siempre bienvenidos y les aseguro que me ayudan mucho.

Llegó el fin del presente informe, pero manténganse atentos porque “Reflexionando el Evangelio”, “De la tierra al Cielo” y “Sin Pelos en la Lengua” se siguen agregando a éste blog periódicamente, basta que den un clic sobre la palabra y listo. Espero poder seguir contando con vuestra amistad y apoyo. Los abrazo a todos desde Roma.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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martes, 22 de noviembre de 2011

De la tierra al Cielo LVIII - "Cosa rota" o "Vaso Nuevo"

Hace unos días me puse a conversar con una amiga sobre el perdón. Me dijo algo que me ha quedado grabado en la mente, una imagen bastante gráfica. Decía que para ella perdonar es algo muy importante pero al mismo tiempo muy difícil, porque la persona que te ha hecho daño se convierte en una "cosa rota". Puedes pegar sus partes y volverlas a unir, pero será siempre una cosa rota, no volverá nunca a ser como era antes de romperse.

Una "cosa rota" ... es eso en lo que me convierto cuando lastimo, cuando hago sufrir, cuando ofendo. Es duro pensar que para esa persona a la que hemos tratado mal, muchas veces sin querer, otras cegados por la ira o la pasión del momento, nunca más volveremos a ser los mismos. Es probable que tengamos una nueva oportunidad y en los mejores casos hasta más de una, pero aún pegando todas las partes, jamás volveremos a ser como antes.

La verdad es que me he quedado meditándolo mucho y se me han pasado muchas ideas por la cabeza. Y justo hoy recordé una canción que me animó. Se llama "Vaso Nuevo". Y es que Jesús hace nuevas todas las cosas, sólo Él con su perdón y misericordia puede volvernos a hacer. No nos deja hecho pedazos, ni tampoco los une con un poco de pegamento. Con su gracia nos hace nuevos, como eramos al principio.

Ese es el milagro del perdón cristiano. Puede ser que para esa persona en particular no volvamos nunca a ser como antes y aún así debemos esforzarnos para volver a merecer su confianza. Pero nuestra esperanza está en alguien mucho más grande, en quien nos ha salvado y nos enseña a perdonar. Cuando todos hayamos aprendido de Él seguro no habrán más "cosas rotas", pues todos seremos "vasos nuevos".
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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La Iglesia en Africa ... sirve !!!

lunes, 21 de noviembre de 2011

Para pensar ... y reaccionar

EN VIDA HERMANO, EN VIDA.

Si quieres hacer feliz
A alguien que quieras mucho...
Dicelo Hoy, se muy bueno
En Vida, Hermano, en Vida...

No esperes a que se mueran
¿ si deseas dar una flor ?
Mandalas hoy con amor
En Vida, Hermano, en Vida...

Si deseas decir “Te quiero”
A la gente de tu casa
Al amigo cerca o lejos
En vida, hermano, en Vida...

No esperes a que se muera
La gente para quererla
Y hacerle sentir tu afecto
En Vida, Hermano, en Vida...

Tú serás muy venturoso
Si aprendes a hacer felices,
A todos los que conozcas.
En Vida, Hermano, en Vida...

Nunca visites panteones
Ni llenes tumbas de flores
Llena de amor corazones
En Vida, Hermano en Vida.

Anamaria Rabatte

Reflexionando el Evangelio: Olvidarse de sí mismo - Solemnidad de Cristo Rey del Universo

Queridos Hermanos:

Creo que es difícil imaginar un personaje más egolátrico que un mal rey. Un tirano ve en sus súbditos simples siervos de los cuales servirse, esclavos sin derechos y cuya principal obligación es venerar a su soberano. Obviamente no todos los reyes son así, la historia testimonia el buen gobierno de muchos reyes, algunos de ellos incluso santos. Y es que todo rey tiene una elección que hacer, la misma que lo definirá: o servir o ser servido.

Quien quiere reinar, en el auténtico sentido de la palabra, debe olvidarse de sí mismo, renunciando a la búsqueda de sus propios intereses para luchar por el bien común. Cristo hizo aún mucho más que eso. Él renunció incluso a su propia vida por el bien de su pueblo. El fundamento de su reino es el amor traducido en servicio.

Y es ese mismo Rey el que espera ser imitado, porque todo su sacrificio podría quedar estéril sin nuestra colaboración. Es por eso que en el pasaje del Evangelio insiste en el valor de las obras de misericordia, en el servir al más pequeño, al que más sufre. La indiferencia que nos lleva a la omisión es siempre consecuencia del desamor. Pasar delante de quien está en necesidad sin reaccionar es traicionar a quien reconocemos como Rey y Pastor. Él no pasa necesidades, pero se preocupa por aquellos hijos suyos que las sufren y espera que seamos capaces de reconocerlo y servirlo en ellos. Nos debería bastar su ejemplo.

Es natural amar a quien nos hace el bien, a quien nos sirve. Es natural amar a Cristo que nos ha hecho el mayor de los bienes al redimirnos. Es lógico que Él espere que ese amor lo transformemos en servicio a quien más lo necesita pues ahí está Él. Que nos amemos unos a otros como Él nos amó y nos sigue amando. Quien no sea capaz de ello, el día del juicio será rechazado de la misma manera en que rechazó a quienes esperaban su ayuda.

Nuestro Rey nos invita a imitarlo, olvidándonos de nosotros mismos, sirviendo con generosidad a quienes nos rodean. Sólo así podremos estar seguros de que hacemos la voluntad de nuestro Señor. Amarlo como Él nos ama, servirlo como Él nos sirve. Porque amor con amor se paga.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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jueves, 17 de noviembre de 2011

De la tierra al Cielo LVII - El Abrazo "festivo"

El ser humano es la única creatura que puede reír. Podríamos decir, como consecuencia, que poseemos una manera original de manifestar nuestra alegría. Hoy quisiera que recordemos otra, que aunque no la practicamos sólo nosotros (algunos animales pueden abrazar), también es una patente manifestación de nuestra alegría. En ésta ocasión hablaremos del abrazo “festivo”.

La primera característica de de éste tipo de abrazo es que quizás el más espontáneo de todos. No hay tiempo ni para pensar, simplemente sientes una fuerza interior que te empuja a abrazar a quien está más cerca. Tampoco hay tiempo para calcular o buscar ubicación, uno abraza como pueda. De frente, de costado, por detrás, con saltos, con palmadas, con besos y seguro muchos risas. Es caóticamente explosivo. Además, por lo general, incluye más de dos personas. 

Con respecto a su duración habría que decir que nos es breve, pero tampoco excesivamente largo. Eso sí no es nada sereno, más bien todo lo contrario. No tiene como objetivo tranquilizar sino más bien compartir la alegría e incluso contagiarla a quien es testigo de la “fiesta”. Y como dicen que una alegría compartida es doble alegría, seguro que éste tipo de abrazo hace de perfecto conductor de toda esa energía positiva.

Abrazos festivos se pueden observar en momentos de grandes logros. Después de hacer un gol, al final de la ceremonia de graduación, al llegar a la cúspide de una montaña, etc. Cuando es grupal tiene la capacidad de reforzar el vínculo comunitario y al mismo tiempo deja el mensaje de que el logro conseguido ha sido fruto del esfuerzo común o al menos compartido.

Ojalá tengamos muchas oportunidades para compartir abrazos “festivos”, ojalá nuestra vida esté llena de logros que celebrar. Yo estoy seguro que cuando nos reencontremos el día de la Resurrección, éste será el tipo de abrazo que nos daremos. Un gran abrazo “festivo”, todos unidos y felices de haber llegado a la Meta. Y estarán también en ese abrazo las tres personas de la Santísima Trinidad.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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martes, 15 de noviembre de 2011

De la tierra al Cielo LVI - Cortarse las alas

A todos nos maravilla ver cómo vuelan las aves. Quizás sea algo como envidia, porque a muchos o a todos nos gustaría tener la capacidad de remontarnos por los aires. Sólo cuando soñamos o cuando dejamos andar nuestra fantasía, nos vemos crecer las que nos podrían llevar al Cielo.

Y es precisamente por eso que cuando desanimamos a alguien o le matamos la ilusión se utilice la expresión “cortar las alas”. Muchos autodenominados realistas, que en realidad son pesimistas, se especializan en la tarea de cortar las alas a quien más puedan. Es triste que suceda, pero creo que la mayoría lo hace con la mejor buena voluntad, pensando que hacen un bien al “bajar de la nube” a quien ellos consideran un iluso.

Pero el mayor de los problemas no es la existencia de éstos cortadores de alas, sino que uno se las corte a sí mismo. Eso si que no tiene remedio. Casi siempre esto responde a algún o algunos fracasos previos o a la pérdida de la esperanza, de manera que se renuncia a la idea de volar. Cierto que aún las aves más grandes, como el águila, tienen que aprender a volar. No es cosa de un solo intento. Seguro que habrá más de una caída, pero así es como se aprende.

Lo que cuenta es querer volar, querer superar nuestros propios límites, querer transformar nuestra realidad, construir el Reino de los Cielos ahora. Todo es posible con la ayuda de Dios. El es quien nos da las alas, me atrevería a decir que El es nuestras alas. Si excluyes a Jesús de tu vida, es lo mismo que cortarte las alas, quizás puedas soñar, pero volar no. Sólo si Dios es parte de tu vida tus sueños o mejor aún, tus ideales se harán realidad. Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios y para los hombres que se dejan inundar por Dios.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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lunes, 14 de noviembre de 2011

Sin Pelos en la Lengua - Los nuevos "Voldemort"

Quien ha visto la saga de “Harry Potter” seguro tiene presente al enemigo del joven mago. El personaje maligno, que asesinò a los padre del muchacho cuando era un bebé, pero que no fue capaz de terminar con la vida del niño, se llama “Voldemort”. No sòlo era malo y feo, sino ademàs temido por todos en aquellas tierras mágicas. Tan grande era el terror que se habìa prohibido pronunciar su nombre. Y es de esa prohibiciòn que quisiera hablarles.

Nunca (que yo recuerde) explicaron el por què de la prohibiciòn, simplemente no se podìa nombrarlo bajo ningùn contexto. Era una ley del país de los magos, aùn cuando el tipo estaba recluìdo en la cárcel, aún cuando se pensaba que estaba muerto, no se debìa pronunciar su nombre. A mi juicio una ley un poco absurda, pero de leyes absurdas tenemos bastantes en la vida real.

Y es que también en nuestro mundo, donde la magia se queda sòlo para las pelìculas y los enamorados, existen “Voldemorts” que no quieren ser nombrados. Al parecer es cuestiòn de mantener niveles de popularidad, porque la prohibiciòn no se aplica si es para alabarlos o echarles flores, sino cuando de criticarlos se trata. Y es que como no nos pueden prohibir ver la realidad, nos quieren tapar la boca. Son los mismos que hablan siempre de libertad y de educaciòn, cuando en realidad nos quieren mantener a nivel de borregos, aceptando como verdad absoluta lo que ellos dicen y aplaudiendo cada decisiòn que toman, sea correcta o errónea.

Lo bueno de las pelìculas es que nos recuerdan que el bien siempre vence al mal. No hay mal o malo que duren cien años, asì que la esperanza no nos la pueden quitar. Como dicen en el campo “A todo chancho gordo le llega su domingo”. Por mucho que nos tapen la boca no nos pueden cerrar los ojos o reprimir los pensamientos. Si no lo logrò “Voldemort” no lo lograrà ninguno, por mucho que su “varita màgica” acapare todos los “poderes”.

No nos preocupa que existan “innombrables”, pero si que se siga minando las bases de la democracia. Esperemos que pronto “Harry Potter” y sus amigos hagan su apariciòn en escena y podamos otra vez vivir en una sociedad autènticamente libre y cristiana.

Porque el mal puede vencer alguna batalla, pero jamàs ganarà la guerra.

P. César Piechestein
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domingo, 13 de noviembre de 2011

Reflexionando el Evangelio: Creativos y emprendedores por Amor - Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

Queridos Hermanos:

A alguno le podría parecer que el Evangelio de hoy mete un poco de miedo. Que si fracasamos en la administración que el Señor nos ha encargado, terminaremos en el infierno. Los invito más bien a hacer una lectura desde un perspectiva más centrada en el Padre Misericordioso, que siempre da mucho más de lo que pide y a quien le basta con que lo amemos sinceramente, porque quien ama siempre da lo mejor de sí.

Dios conoce perfectamente de que barro estamos hechos porque Él mismo nos creó. Conoce nuestras debilidades y pecados, pero también conoce bien las virtudes, cualidades y talentos con que a cada uno nos ha adornado. Sabemos bien que no son para decoración sino para que podamos servirnos mutuamente y glorificarlo a Él. Sin embargo vemos en el Evangelio que esos talentos son distribuidos de acuerdo a la capacidad de cada quien, es decir que nunca se esperará de nosotros más de lo que podemos dar.

Lo que el patrón de la parábola reclama al siervo que había recibido un talento solamente, es el hecho de su pereza. Si quien recibió cinco trabajó para producir diez y el que recibió dos entregó cuatro, era lógico que quien recibió uno devolviera dos. No hubo fracaso porque ni siquiera lo intentó. Se conformó con enterrar el talento y sentarse a esperar que regresara su patrón.

Basta conocer un poco la vida de los santos para quedarse con la boca abierta. Parece mentira que hayan sido capaces de obras tan grandes, capaces de dar respuesta óptima a las necesidades de su tiempo. Y es que más que creativos y emprendedores, fueron instrumento eficaces del Espíritu Santo. Movido por un profundo amor a Dios se dejaron llevar por su inspiración y multiplicaron sus talentos.

Hoy Jesús nos llama una vez más a amar con todas nuestras fuerzas y capacidades. Ni la pereza, ni la mediocridad, ni el conformismo son parte de la vida del discípulo de Cristo. Hay tanto por construir, tantas necesidades a las que responder, tantos que aún no han conocido el amor de Dios y no podemos quedarnos indiferentes. Pongamos manos a la obra y procuremos consumir nuestros talentos.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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viernes, 11 de noviembre de 2011

De la tierra al Cielo LV - Nuestra Casa Madre

Hace muchos años, leyendo la vida de la beata Madre Teresa de Calcuta, me llamaba mucho la atenciòn el detalle de la “Casa Madre”. Este lugar es como el corazòn de cada familia religiosa, donde el fundador se dedicó a formar a sus primeros compañeros. 

Hace pocos meses tuve la oportunidad de visitar el monasterio de San Josè en Avila. A ese, el primer monasterio de las carmelitas descalzas, Santa Teresa de Jesùs le llamaba “mi palomarcito”. Fue ahì donde cuajò no sòlo la reforma de toda una congregaciòn, sino una renovaciòn espiritual que influyò a toda la Iglesia. Y aùn hoy sigue siendo un lugar lleno de espiritualidad y que representa el corazòn de una congregaciòn que hoy en dìa hunde sus raíces por todo el mundo, con cientos de monasterios.

Yo siendo sacerdote diocesano, se podrìa decir que no tengo una “casa madre”. Cierto es que cada sacerdote lleva en su corazòn el seminario en donde fue formado, pero no es una casa comùn. Y de alguna manera sentìa ese falta de un casa de todos, de un corazòn comùn a todos los sacerdotes seculares.

Y Dios me quiso traer a Roma. No creo que haya otro lugar en el mundo donde caminando 200 metros uno pueda encontrarse con ocho o diez sacerdotes y hasta una docena de monjitas. Donde cada templo te cuenta la historia no de uno sino de varios santos. Dos mil años de historia de la fe que desde aquì nutren a todo el pueblo de Dios. La casa que compartimos con el sucesor de Pedro, el “dulce Cristo en la tierra”.

Roma es nuestra “casa madre”. Cierto que no lo es sòlo de los sacerdotes y de las religiosas sino de todos los catòlicos. Es verdad que no todos podemos vivir aquì, pero es verdad que todos podemos estar en sintonìa, conectados al corazòn de nuestra Iglesia. Hoy gracias a la internet podemos, desde cualquier parte del mundo y en cualquier momento, conocer lo que sucede en la “Ciudad Eterna”. No por simple curiosidad sino porque queremos estar en comuniòn y oraciòn con el Papa y con la Iglesia.

Todo tenemos nuestra “Casa Madre”. Hoy los invito a sentirla asì y que Roma estè todos los dìas en nuestro corazòn. Hoy le doy gracias a Dios por haberme regalado la oportunidad de vivir en ella.
Hasta el Cielo.

P. Cèsar Piechestein
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domingo, 6 de noviembre de 2011

Reflexionando el Evangelio: El mínimo esfuerzo - XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

Queridos Hermanos:

Mucho se habla sobre la “Ley del Mínimo esfuerzo”. Mientras más fácil y rápido sea, mejor. Mientras menos esfuerzo me cueste estoy más contento. Bien sabemos, sin embargo, que todo lo verdaderamente bueno de la vida se obtiene con sacrificio y poniendo lo mejor de nuestra parte. Y si hay algo que vale más que nada en la vida es precisamente lo que nos espera después de ella. Jesús en el Evangelio de hoy nos explica el Reino de los Cielos a través de la parábola de las diez vírgenes.

Todas esas muchachas habían sido invitadas a la boda y todos tenían la misma tarea: acompañar al esposo iluminando su camino con las lámparas encendidas. El problema de las necias no era tanto su necedad sino algo todavía más profundo. Era el típico cumplimiento, es decir, “cumplo y miento”. Es verdad que aparentemente eran iguales a las otras cinco, pero en realidad no les interesaba tanto la misión que se les había encomendado, sino la fiesta que vendría después. Al final se quedaron fuera, precisamente por no haber estado listas para cumplir lo que se les había encomendado.

A las vírgenes necias, como a los fariseos, les faltaba el amor sincero. No basta con cumplir externamente. Podemos dar toda la apariencia de buenos cristianos y en realidad no serlo, total es fácil engañar a los hombres. Eso sí, a Dios no hay quien lo engañe. Podemos llevar una vida cristiana superficial, light. Cumplir con el mínimo y conformarnos creyendo que ya es suficiente con eso. Pero el Señor nos llama a la santidad, a darlo todo por el todo. El Cielo no es cualquier cosa.

Dios nos ha dado una vida que debemos consumir, no en nosotros mismos, sino en la misión que Dios nos ha encomendado. Y al final de nuestra existencia, cuando llegue el día de la cosecha, Cristo nos dejará entrar al Cielo. Quien ama no se mezquina, no busca el atajo no va haciendo rebajas. Al contrario el amor nos impulsa a entregarnos cada día más, a cultivar iniciativas, a abrir nuevas sendas de santificación. Por eso los santos eran tan creativos, por eso hay tantos carismas en la Iglesia. El Espíritu les movía a diversas misiones, porque Dios no se queda quieto y nosotros somos sus instrumentos.

Vivamos cada día como las vírgenes prudentes, las que amaban de verdad. Busquemos el Reino de Dios y todo lo demás nos será dado por añadidura. Cuidado por ir detrás de las añadiduras nos quedamos sin participar del Paraíso.
Hasta el Cielo.

P. Cèsar Piechestein
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jueves, 3 de noviembre de 2011

De la tierra al Cielo LIV - El abrazo "Arrullo"

Volviendo al recuerdo de nuestra infancia, nos encontramos con un tipo de abrazo muy comùn en esa època de la vida. El tipo de abrazo que podemos llamar de “Arrullo” es aquel que comunmente se da a los niños para consolarlos o hacerlos dormir, como su nombre lo indica, los arrulla.

Cada tipo de abrazo se distingue no sólo por su forma sino también por el fin que persigue. Este abrazo se brinda con el objetivo de confortar o consolar, no sólo busca manifestar solidaridad sino lograr efectivamente que quien es abrazado reciba una dosis de afecto lo suficientemente grande como para levantarle el ánimo o por lo menos aminorar su sufrimiento.

Este es quizàs el abrazo que dura màs. Su duraciòn se explica a travès de su objetivo. Casi siempre terminarà de mutuo acuerdo una vez que la persona abrazada se sienta confortada y màs tranquila. Este abrazo se da sobre todo a quien llora o tiene algùn malestar fìsico. Con el abrazo se busca hacerle sentir la compania de quien le abraza, su cercanìa y afecto. Va acompañado comúnmente de múltiples palmaditas en la espalda o el hombro, que animan y arrullan. A veces tambièn se acaricia el cabello. La actitud de la persona que abraza es màs bien protectiva, podrìamos decir paternal.

Quien quiere dar un abrazo de “arrullo” debe de estar seguro de contar con el tiempo necesario, porque de lo contrario no se podrìa lograr el objetivo. Puede suceder incluso que quien es abrazado se quede dormido, lo que serà siempre una buena señal porque se habrà logrado calmarlo. Casi siempre se brinda èste tipo de abrazo cuando las personas estàn sentadas una al lado de la otra, aunque tambièn se puede dar de pie. Se asemeja al abrazo “refugio” puesto que quien es abrazado usualmente reclina su cabeza sobre el hombro de quien abraza. Es comùn observarlo en los velorios o salas de espera de los hospitales. 

Lo que cuenta, como siempre, es abrazar con recta intensión. Y que mejor intención que la de animar a quien se siente desfallecer o llora un gran dolor. Seguro que será un gran apostolado si junto al abrazo unimos la oración en común.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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domingo, 30 de octubre de 2011

Reflexionando el Evangelio: Contra el amor propio - Domingo XXXI del Tiempo Ordinario

Queridos Hermanos:

Cuánto nos questa ser los últimos. Y es que aunque nos esforcemos y Dios nos dé su gracia, siempre nuestro amor propio se las arregla para imponerse. Queremos ser tratados con deferencia, que se reconozca nuestra trabajo, que se nos agradezca cuando hacemos un bien. Todo es muy natural, desde la perspectiva humana, pero bien sabemos que Jesús nos quiere caminando hacia la perfección y eso incluye el aprender a ser humildes.

Yo para alcanzar la humildad no he podido todavía encontrar una fórmula secreta. Sin embargo sí que el Señor nos ofrece hoy una receta aplicable y que seguramente nos encaminará hacia esa meta. Servir siempre, servir con generosidad, darnos por entero. Lo ha dicho Él: el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos.

Y es que si empleamos todo nuestro tiempo en servir a Dios y a los hermanos, no nos quedará tiempo para recibir elogios o premios, no tendremos tiempo para sentarnos a analizar la reacción de quienes hemos servido. Nos bastará el cumplir con nuestra tarea y traducir el amor fraterno en obras de misericordia.

Pero aún así (no podemos ser ingenuos) nuestro amor propio seguirá siendo un peligro latente. A mi me ayuda, casi siempre, el repetir ésta jaculatoria "Señor Jesucristo ten piedad de mi.". Me recuerda quien es mi Señor y que yo soy un pobre pecador. Así procuro mantenerme en mi puesto, sin que se me suban demasiado los humos (aunque el amor propio nunca apaga su chimenea).

Dejémonos inspirar y mover por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Que sea la caridad la que dirija nuestra intensión, de manera que podamos mortificar nuestra deseo de figurar, de llamar la atención. Que sea Cristo quien se vea a través de nosotros, que Él crezca y que nosotros disminuyamos.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
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miércoles, 26 de octubre de 2011

Sin Pelos en la Lengua - La Mentira social.

En la sala familiar están la mamá y el niño. De repente suena el teléfono.
- Mamá : Si es tu tía dile que no estoy.
El pequeño contesta el teléfono.
- Niño :  Alo, si. Hola tía . No mi mami dice que no está.

El chiste, aunque viejo y simple, me permite graficar lo que se conoce como la mentira social. Dicen que desde que se inventaron los pretextos todo el mundo queda bien y la verdad es que nos vamos acostumbrando a repetir y escuchar excusas que todos sabemos que no son ciertas.

Justificamos nuestra impuntualidad echando la culpa al tràfico aunque todos sabemos que en realidad fue pereza al levantarse, puesto que bastaba organizarse mejor. El clima, la huelga, los hijos o el cónyuge, el auto, etc, todo nos ayuda a inventar una explicaciòn que pensamos que los demàs aceptarán. Y lo màs gracioso es que aunque todos sabemos que no son verdad estamos ya programados para aceptarlas sin chistar.

Volviendo al chiste me quedo con la parte pedagògica, puesto que terminamos instituyendo una escuela de la mentira. Aunque pueda parecer que exagero, si lo miramos objetivamente, lo que hacemos es instituir la mentira como legìtimo escape a nuestras responsabilidades. Disfrazamos algo intrìnsecamente malo, de soluciòn emergente a una vergüenza que merecemos pero que no queremos asumir.

Leía ayer el manifiesto del movimiento de los “Indignados” y una de sus propuestas es justamente el retomar la ètica social. Creo que es justo y necesario, pero para ir concretando una meta ambiciosa como esa yo sugerirìa que empecemos a decir la verdad siempre, hasta cuando nos podrìa parecer justificable usar una mentira (no existen las mentiras “piadosas”). Ya con nuestro ejemplo seguro estaremos generando un cambio positivo y agregando nuestro aporte a la revoluciòn que proponen los indignados del mundo.
Hasta el Cielo.
 
 
P. César Piechestein
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