"Que no haya nada en tí que no sea lo que de tí se espera" (San Juan María Vianney)

viernes, 5 de mayo de 2017

DESESPERACIÓN DEL SIGLO XXI



Los cambios antropológicos se suceden de manera violenta en nuestros días. Cada vez somos más frágiles: mentes débiles, almas pequeñas, voluntades caprichosas. Parece como si cada generación fuera más delicada que la anterior. De seguro la reciedumbre se nos ha olvidado y con ella todas las demás virtudes que engrandecen al hombre.


Por supuesto que todo eso debe tener una raíz y yo (que de científico tengo poco) me atrevo a asegurar que la fuente del problema está en casa, en la manera en que somos criados y educados. Porque todavía uno puede encontrar chicos que son esforzados, valientes, resistentes inclusive, y cuando uno investiga un poco descubre que han crecido en hogares con la disciplina y el orden de antaño.

Entonces mi mensaje para todos los padres de familia y educadores que empiezan a desesperarse frente a una generación que parece imposible de formar es que no tengan miedo. Que no les tiemble la voz cuando deban decir que NO y permitan que los chicos aprendan a lidiar con la frustración que esa negación les produzca. No tengan miedo de corregir y aconsejar o incluso de hacerlos llorar (no se van a deshidratar).

Nadie se hace recio cuando todo le viene fácil y a pedir de boca, además ustedes saben que la vida real no es así. Si quieren hijos fuertes vuelvan a la pedagogía antigua, porque la moderna sólo produce depresivos, suicidas y autodestructivos. Dejen ustedes la desesperación y cojan el toro por los cuernos, que la pedagogía de antaño demostró ser eficaz durante siglos.

En una mano el amor y en la otra el rigor.

Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuradetodos... ustedes

martes, 25 de abril de 2017

ANGUSTIA VENEZOLANA



Esta mañana me acerqué a un almacén a comprar alimento para mis gallinas (si tengo unas cuantas) y el joven que me atendió, al final me hizo esta pregunta: ¿qué piensan los sacerdotes de lo que está pasando en Venezuela? La verdad es que la pregunta me sorprendió, pero resultó ser que aquel joven es venezolano y hace seis meses vive en nuestra ciudad, porque tuvo que huir (como tantos otros) de la miseria que se vive en su país.


Para entender a otros es necesario ponerse en sus zapatos y yo no sé si soy capaz de ponerme en la situación de la gente de Venezuela. Sin embargo sigo todos los días con atención las noticias que por televisión y por las redes nos van llegando. Gente que clama todos los días por medicina, alimentos, libertad, trabajo y que vive en medio de la violencia, casi como vivir en plena guerra. Angustia es lo que siento.

Angustia porque sé que es una situación dificilísima y que cada día empeora. La lista de muertos sigue aumentando, víctimas de la represión. Eso sin contar los miles que han perdido la vida en un país que se ha convertido en uno de los más violentos de la región. Angustia porque los que más sufren en situaciones así son los más débiles, es decir, los niños y los ancianos.

Creo que los sacerdotes y cualquier persona consciente piensa que hay que rezar mucho, por quienes tienen en sus manos la capacidad de poner fin a la crisis y empezar la reconstrucción de una nación que tiene todo lo necesario para prosperar en paz y libertad. Rezar y confiar en Dios, mientras acogemos a aquellos que vienen huyendo del caos.

Hasta el Cielo.

P. César Piechestein Garcia
elcuradetodos...ustedes