Hay cosas que hay que
rescatar porque perderlas sería terrible. Nos enseñaron que nada bueno se
alcanza sin esfuerzo, que hay que aprovechar todas las capacidades y ponerlas
al servicio de los demás. Darlo todo, ser lo mejor de uno mismo, renuncia,
sacrificio, capacidad de pensar más allá de las propias necesidades, principios
que siguen siendo válidos pero que se pretenden dejar sólo a nivel de teorías
que no se practican.

A alguno le podrá
parecer que exagero o que un sacerdote no debería ser tan duro. Algunos me
citarán pasajes del Evangelio donde Jesús expresa su ternura. Pero a esos tales
les diré que Jesús también es muy exigente y hasta duro. Basta que usted pose
sus ojos sobre versículos como “Quien quiera venir en pos de mí que cargue con
su cruz, se niegue a sí mismo y me siga”, “Sean perfectos como vuestro Padre
Celestial es perfecto”, “Quien no está conmigo está contra mí”, “Quien pone la
mano en el arado y vuelve la vista atrás, no merece ser discípulo mío”, y otras
tantas perlas preciosas como esas.
Así que ya va siendo
hora de tomarnos las cosas en serio. Somos responsables de la educación que
estamos dando a los más jóvenes. Enseñar con el ejemplo y las palabras, mostrar
que vivimos desgastándonos y enseñarles que de eso se trata la vida, es
fundamental para el futuro de la humanidad. El árbol bueno da frutos buenos.
Hasta el Cielo.
P. César Piechestein
elcuradetodos… ustedes
El sufrimiento es parte de la vida y es camino de santificación. Parece que nos olvidamos de eso. Al evitarle el sufrimiento a un niño no tendrá el carácter que se requiere para seguir el camino que Dios nos propone. Muy buena publicación, acorde con el tiempo que vivimos.
ResponderEliminarEso es muy cierto
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