"Que no haya nada en tí que no sea lo que de tí se espera" (San Juan María Vianney)

viernes, 24 de junio de 2011

Vacaciones con los Papás - Otantésimo Noveno Informe Cesarial

Mis siempre presentes ALA:

Comienzo pidiendo disculpas por la inconstancia de los últimos informes. Sé que no tengo justificación que valga pero la verdad es que, entre los exámenes y los eminentes visitantes que he recibido, no me ha quedado mucho lugar para sentarme a escribir. Eso no significa que me he olvidado de ustedes y sé que ustedes tampoco se han olvidado de visitar el blog, porque he revisado las estadísticas. Espero que disfruten este informe, como he disfrutado yo éstos días.

Terminando con las justas.
Sin querer queriendo, como diría el “Chavo del 8”, pude ajustar todos los exámenes a la fecha más conveniente. Y es que los autores de mis días (alias Carlos y Mapy) aterrizaban en Roma el 7 de junio. Con un poco de suerte todo quedó “cuadrado” y mientras yo concluía el último examen en la mañana, ellos volaban con dirección a Europa. Así que todo estaba “fríamente calculado”.

A todo trote.
No tengo necesidad de contarles que fue emocionante ver llegar a mis papás. Ya desde el primer momento comenzó el movimiento, pues había mucho por conocer, mucho por recorrer. Mi amiga María Sapora nos acogió en su casa, que se convirtió en nuestro refugio nocturno, porque la mayor parte del día nos la pasábamos en la calle. San Juan de Letrán, La Santa Cruz en Jerusalén, San Pedro, las catacumbas de San Calixto, son algunos de los lugares que recorrimos… siempre con admiración y velocidad. Y es que en Roma hay tanto que ver. Sin embargo pronto descubrí que mis compañeros de aventura se cansaban pronto, a´si que era necesario bajar las “revoluciones”.

También en la pastoral.
Tener un hijo cura puede significar, en la mayoría de los casos, ser parte de la vida pastoral. Aún en tiempo de vacaciones todo padrecito debe celebrar la Santa Misa y yo no podía dejar abandonados a los abuelos de Casa Victoria. Puntualmente había que despertar a los “compañeritos” para ir a Misa. Al principio no dijeron nada, pero a partir del tercer día comenzaron a darle las quejas a cualquiera que pudiera compadecerlos. Algo de razón tendría, puesto que en vacaciones todos quieren dormir un poco más. Juntos fuimos también a la adoración del jueves, donde conocieron a las Misioneras Eucarísticas y a algunos de los compatriotas de la comunidad ecuatoriana de Santa María in Vía.

Todos a la montaña.
Para el primer fin de semana todo estaba preparado. En Rocaseca nos esperaba la familia Molle, es decir, todos los parientes de Don Antonio. La bienvenida calurosa y el almuerzo abundante, como es costumbre por estas partes. Mi papá disfrutaba cada bocado y sobre todo cada sorbo del vino echo en casa. Aunque yo pensaba que quedaría contento con la torta de ricota (preferida de su niñez) lo ganó el sabor de unos dulces napolitanos que la enamorada del sobrino del padre había traído. Bien nutridos y dispuestos partimos para la parroquia. Reunión, Misa y adoración fueron nuestra sobremesa y después subir al santuario para el justo descanso … y sin cenar porque todavía estábamos llenos del almuerzo. El domingo fue sobre ruedas. Participaron de la primera Misa y luego mientras un servidor celebraba, ellos hacían turismo en Picinisco y Settefratti.

Estos fueron los primeros momentos, la primera semana compartida con mis ilustres visitantes. Ya les contaré más adelante la aventura en el Trentino y el reencuentro con nuestras raíces. Pero será en el próximo informe. Espero se encuentren bien y los bendigo con afecto.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuradetodos ... ustedes

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