"Que no haya nada en tí que no sea lo que de tí se espera" (San Juan María Vianney)

jueves, 23 de febrero de 2012

De la tierra al Cielo LXVII - Gusto por la dependencia

Desde hace algún tiempo que se propone como un valor esencial la independencia. Hay que estudiar y prepararse para poder trabajar y ser independiente. La mujer tiene que liberarse de la dependencia del hombre. Los hijos deben madurar y aprender a ser independientes. De todas formas y por todas partes nos nutren con la sobrevaloración de la bendita independencia. Y yo me rebelo ante esa filosofía porque a mi me gusta depender.

Quien me podría presentar un cuadro más conmovedor que el de una madre con su bebé en brazos y siendo el más hermoso de los símbolos humanos, representa la rechazada dependencia. Sí porque ese bebé depende totalmente de los cuidados, del amor de su madre. Pero atención, porque también ella depende de su bebé. Desde que lo concibió su corazón empezó a depender de ese nuevo ser que crecía dentro de ella, en una dependencia que nunca termina, ni siquiera cuando el hijo es un hombre maduro. A su hijo irán sus pensamientos, preocupaciones, desvelos, afectos, etc. Al final dependen el uno del otro.

Porque al final la verdad es que dependemos siempre. Y no sólo dependemos de otras personas, también dependemos de cosas inanimadas como el aire o el agua. Por más que pretendamos la independencia, nunca la alcanzaremos, es un imposible.

Y a mi me gusta la dependencia. Parece absurdo, pero no lo es. Es porque nos han saturado vendiéndonos la independencia como valor deseable y posible. Hoy no les quiero “vender” la dependencia, solo quisiera demostrarles que es real, positiva y sana.

Me gusta saber que dependo de otros y que otros dependen de mi, y que muchas veces yo dependo de los que dependen de mi, es decir que también me gusta la interdependencia. No somos islas ni superhéroes. ¿No es acaso en la mutua dependencia que se fundamenta el amor?

Ustedes me dirán que depender de alguien es un riesgo porque puedes terminar defraudado y es verdad. Pero yo sé que en última instancia dependemos de Dios. Él es quien dirige nuestras vidas, quien como Padre y Pastor nos sostiene y guía. Es como una madre que acuna a su bebé. Él nunca defrauda.Y aún Dios espera de nosotros, nos necesita, nos llama. Desea que lo amemos y que nos amemos como hermanos, que aprendamos a depender unos de otros. 

Así que basta de luchar por ser independiente, porque es una guerra perdida. Aprende más bien a vivir y a amar la dependencia.
Hasta el Cielo.

P. César Piechestein
elcuradetodos ... ustedes

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